Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Bernardino Montañés

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Tras el tostón del otro día, algo más ligerito. La verdad que hace tiempo que esto acumulaba polvo en mi estantería, pero nunca lo había sacado para enviarlo por mail a los colegas, como solía hacer antaño. Sin embargo, ahora que tengo un blog (léase impostando la voz), creo que es un buen momento para compartirlo. Por eso, y porque perdí la hostia de tiempo preparando lo de las ECM, y esta entrada se escribe sola.

Bueno, al tema: hoy os voy a hablar de un cuadro que casi no lo conoce ni Google. La obra se llama “Capricho”, y la pintó Bernardino Montañés en 1891. Conocí esta pequeña perla al recalar en el museo de Huesca, durante un viaje por el Pirineo oscense. Según recuerdo la historia, aunque hace ya muchos años que me la contaron, Bernardino estuvo saliendo con una chica. Cuando ésta lo dejó por un amigo (no sé si de él, de ella, o me lo estoy inventando), Bernardino, que no era en absoluto rencoroso, le regaló un bonito cuadro que él mismo había pintado, una estampa con dos tiernos querubines:

Capricho, Bernardino Montañés, 1891
Museo de Huesca

Vale, puede que haya exagerado un poco: el cuadro no es ninguna joya. Pero no me negaréis que Bernardino es un figura regalándole eso a su novia. ¿Que no? Anda, alejaos un poco y mirad el cuadro. ¿Ahora mejor?

Perpetrado por EC-JPR

junio 4th, 2008 a las 2:39 pm

Categoría: Humor

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