Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

La tetera de Russell

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Escribo esta breve (y, por ello, dos veces buena) entrada para comentaros algo que muy probablemente ya conozcáis. Es un recurso que, cuando se trata el tema del ateísmo, empleo muchas veces como introducción: una de las primeras balas a disparar. Reconozco que, como apoyo de mis tesis, desde el punto de vista lógico es un razonamiento ab absurdo. Sin embargo, constituye una primera carga muy eficaz a los cimientos de las religiones, cualesquiera que sean, haciendo una cómica (pero verosímil) analogía.

Estoy hablando, señoras y señores, de la tetera de Russell. Esta es, ni más ni menos, una perfecta parodia de lo que supone, en esencia, creer en Dios (o Alá, o Vishnu, o lo que os plazca): en un dios que no es falsable, que no admite cuestiones pues está basado en un argumento circular (¿os acordáis del culo de Hank?).

Traduzco el texto que lo explica, porque creo que nada que yo pudiera decir lo aclararía más:

Si yo sugiriese que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana china dando vueltas en torno al Sol en una órbita elíptica, nadie sería capaz de refutar mi afirmación, siempre y cuando tuviera cuidado de añadir que la tetera es demasiado pequeña para ser detectada incluso por nuestros telescopios más potentes. Pero si siguiese diciendo que, puesto que mi afirmación no puede ser refutada, dudar de ella es una presunción intolerable por parte de la razón humana, sería correcto pensar que estoy diciendo tonterías.

Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmase en libros antiguos, se enseñase como la Verdad Sagrada cada domingo, y se instilara en las mentes de los niños en el colegio, dudar en creer su existencia devendría una marca de excentricidad y habilitaría al incrédulo para las atenciones del psiquiatra en una era de Ilustración (o del Inquisidor, en una época anterior).

Prometí que esta iba a ser una entrada breve, y lo cumplo. Ahí lo dejo; creo que esa perla lo dice todo por sí sola.

If I were to suggest that between the Earth and Mars there is a china teapot revolving about the sun in an elliptical orbit, nobody would be able to disprove my assertion provided I were careful to add that the teapot is too small to be revealed even by our most powerful telescopes. But if I were to go on to say that, since my assertion cannot be disproved, it is an intolerable presumption on the part of human reason to doubt it, I should rightly be thought to be talking nonsense.
If, however, the existence of such a teapot were affirmed in ancient books, taught as the sacred truth every Sunday, and instilled into the minds of children at school, hesitation to believe in its existence would become a mark of eccentricity and entitle the doubter to the attentions of the psychiatrist in an enlightened age or of the Inquisitor in an earlier time.

Perpetrado por EC-JPR

agosto 7th, 2008 a las 3:52 pm

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