Archive for septiembre, 2008
Cómo ahorrarse unos durillos: Amazon.com
En estos tiempos de crisis, en los que todo el mundo habla de apretarse el cinturón, os voy a comentar un truquillo (si es que realmente se le puede llamar así) para ahorraros unos euros. Seguro que todos conocéis Amazon.com, ese portal de venta online que empezó vendiendo libros en 1995 y se ha ido constituyendo como una de las mayores empresas de la red, con unas ganancias de US$ 476M en el último año, gracias a la venta de todo tipo de productos (desde libros a alimentación o cosmética).
Decía que Amazon puede ayudarnos a ahorrar dinero… o a permitirnos caprichos por un coste menor del que tendrían en España. La razón es obvia: el tipo de cambio euro/dólar, que actualmente está en ~1,45 US$/€, lo cual hace que comprar allí sea equivalente a tener un 30% de descuento en una tienda cualquiera de nuestra ciudad. A esto se le une que, al tratarse de una tienda on-line, los precios son más bajos de los que podríamos tener en un negocio “físico”.
¿Desventajas? Una: las zonas de envío. Amazon no sirve los artículos más jugosos (léase electrónica) fuera de los EE.UU. No obstante, si tenéis algún amiguete que viva en aquella tierra, podéis mandar el pedido a su casa y pedirle que os lo reenvíe: por caro que os saliera, seguro que amortizábais los 300 € o más de ahorro en esa pantalla LCD o esa camarita réflex (ay, si yo pudiera…). Otra: los gastos de envío, pero esto es una desventaja relativa. Hablando de lo que yo conozco, en libros hay que pagar $4 por ejemplar más $4 por envío: un total de 6€. O sea, lo mismo que en La Casa del Libro, pero con un precio de compra sustancialmente menor; tanto es así, que muchas veces compensa hacer un pedido incluso para un único libro.
¿Ventajas? Una: poder comprar libros en versión original mucho más baratos de lo que os costarían en España (suponiendo que pudiéseis conseguirlos). Por ejemplo, compré un ejemplar de Animal Farm + 1984, encuadernado cartoné, por 14 € (precio final, con envío y todo). O el manual del piloto (PPL) de la FAA por 18 €.
Pero eso no es lo mejor. Lo cojonudo es que en Amazon también hay libros en español, y a precios mucho menores que los nacionales. Un ejemplo: el diccionario María Moliner, que en España se vende por 130€ y que conseguí por Amazon por 87,33€ (nuevecito, en tres semanas estaba en casa). Merece la pena, ¿no? Ahora mismo os saldría por unos 100€, así que os ahorraríais mil duretes. Esto unido a la posibilidad que existe en la mayoría de ejemplares de seleccionar el encuadernado que queremos (cartoné o rústica), obteniendo un producto y un precio más ajustado a nuestras necesidades.
Y aquí termina esta entrega de “Economía doméstica, nº 1″. En la próxima: “Cómo conseguir programas de calidad para el ordenador sin piratearlos ni tener que pagar licencia” (¿¿treinta mil pelas por un Office?? ¡Anda ya!).
Ni él se lo cree
Sé que realmente no tiene nada que ver, pero he visto esta viñeta y no he podido resistirme a publicarla:

Santurrón
Creo que ese es el adjetivo que mejor define a Juan Manuel de Prada. Lo sé porque hubo un tiempo en el que leía sus artículos en El Semanal: después decidí que si seguía haciéndolo, algún día moriría de una crisis hipertensiva. Los textos que merecen la pena (que también los escribe) no compensan el sacrificio de leer regüeldos como este. Sin embargo, gracias a Rinzewind he tenido la oportunidad de deleitarme con la prosa del chupacirios.
Menos mal que aún quedan españoles de bien, como aberron, que no escatima pólvora para acribillar, punto por punto, cada una de los argumentos que, capciosamente, desliza de Prada en su artículo.
Y es que no podemos bajar la guardia. Aquí (aún) no hay quien pida que se enseñe el Creacionismo en las escuelas (en otros lugares ya lo han conseguido de facto), y vamos en el buen camino sacando la religión de las aulas. Pero aún queda mucho trabajo por hacer, así que debemos mantener desenvainadas las espadas y prietas las filas (ot-tia, quizás debería cambiar esa expresión…). Un buen comienzo sería leer este artículo de El País: os llevará varios minutos, pero os lo recomiendo encarecidamente.
También han hablado del tema…
Psicoteca: «”Creacionismo”: Respuesta a Juan Manuel de Prada»
Javier Armentia: «Yo También Estoy Convencido De Que Juan Manuel De Prada No Tiene Ni Puta Idea De Biología, Pero Sí Muy Mala Baba»
Golem Blog: «De Prada, creacionista moderado» (Descubierto gracias al enlace entrante: ¡gracias!)
El PaleoFreak: «De Prada: hay que trabajar más»
Actualización 01/10 @ 13:43:
Mauro Entrialgo: Realidad alternativa 3456 (vía Microsiervos, vid. infra)
Microsiervos: Juan Manuel de Prada la lía parda con el creacionismo
Cuatro cosas
Cuatro cosas hay que extinguir en su principio: las deudas, el fuego, los enemigos y la enfermedad.
Cinéfilos
DISCLAIMER: Contenido NSFW y no apto para menores
Aprovecho el bajón de visitas del fin de semana para que mi reputación no quede demasiado mancillada tras mostraros esta joya del séptimo arte. Se trata de una reliquia de más de ochenta años, un corto de animación titulado “Eveready Horton” (aka. “Buried treasure”), y sorprende, tanto por el hecho de que no la hayan quitado de YouTube (tras más de doscientas mil visualizaciones), como por los puntazos humorísticos que tiene (en su época no sé, pero ahora es para partirse). Disfrutadla:
Definición de religión
When one person suffers from a delusion, it is called insanity. When many people suffer from a delusion it is called Religion
«Cuando una persona sufre alucinaciones, se llama locura. Cuando muchas personas sufren alucinaciones, se llama religión.»
Cómo detectar un ictus (II)
Evaluación del ACV: Cincinnati Prehospital Stroke Scale (CPSS)
Ayer destripamos algunos de los errores que había en ese famoso powerpoint. Hoy nos olvidaremos de cuestiones semánticas e iremos a lo que realmente importa de la presentación: ¿realmente es útil el método propuesto para diagnosticar un ACV? El texto pretende detectar un infarto cerebral mediante la exploración de tres ítems: sonreír, levantar ambos brazos y decir una frase. Si cualquiera de estos elementos falla, se entiende que el paciente tiene un ACV. Y lo que es más peligroso: si son normales se asume (indebidamente) que el paciente está sano. Pues bien, como os podréis imaginar, “son todos los que detecta, pero no detecta todos los que son”: sólo con esos tres signos se escapan muchas de las manifestaciones de un ACV.
Pero lo más gracioso es que el método explicado en esta presentación no es una mamarrachada que se les haya ocurrido a cuatro amiguetes. Se trata de la Cincinnati Prehospital Stroke Scale, un score que, usado por legos, pretende servir de herramienta de despistaje de ACV’s en un ambiente extrahospitalario.
Coño, o sea que la cosa es seria, o al menos lo intenta. Vale: vayamos a PubMed a ver cuánto se ha escrito sobre el tema. Buscamos cincinnati prehospital stroke scale, y obtenemos… ¡siete artículos en nueve años! Perfecto: creo que acaba de perder la poca apariencia de rigor que pudiera tener. Echamos un vistazo a los abstract y vemos que, de estos siete, en uno la CPSS tan sólo la nombran de refilón, y otros dos se limitan a verificar si una persona de la calle sería capaz de emplear la escala: ¿a que no adivináis el resultado? “Untrained adults can accurately relay CPSS instructions when directed over the phone”. Pos fale, pos fueno.
El artículo que nos interesa es el que aparece en penúltimo lugar (el segundo en ser publicado): Cincinnati Prehospital Stroke Scale: reproducibility and validity. Ann Emerg Med. 1999 Apr;33(4):373-8. Aquí hay dos partes distintas: reproducibilidad (¿cualquiera podría emplear la CPSS?) y validación (¿sirve la CPSS para reconocer el ACV?). A la primera pregunta, el resultado es contundente: un ATA es capaz de emplear la CPSS tan bien como un médico.
No obstante, veamos ahora si realmente es efectiva la CPSS. Copio una frase: “Observation by the physician of an abnormality in any 1 of the 3 stroke scale items had a sensitivity of 66% (…) in identifying a stroke patient.” Si sabéis estadística, os habréis dado cuenta que una s=0,66 es sólo ligeramente superior al valor correspondiente al azar (s=0,5): o sea, esta prueba
Para ser honrado añadiré que esa sensibilidad aumenta al 88% en los ACV de la circulación anterior: “CPSS is more effective in detecting anterior circulation strokes as opposed to those limited to the posterior system. Of note, approximately 70% of strokes occur in the anterior circulation”. En cualquier caso, la sensibilidad global sigue siendo bastante modesta.
Y, por si nos quedaba alguna duda, podemos recurrir a este otro artículo: Accuracy of stroke recognition by emergency medical dispatchers and paramedics–San Diego experience. Prehosp Emerg Care. 2008 Jul-Sep;12(3):307-13. Dejando de lado la aparente debilidad de su diseño, voy directamente a los resultados. Adivinad la sensibilidad de la CPSS que obtienen. ¡Un 44%! El resultado es tan malo, que significa que si la prueba sale normal, ¡tienes más probabilidades de tener un ACV!! Pero no sólo es eso: es que también calculan el Valor Predictivo Positivo (o sea, la probabilidad de tener un ACV cuando el resultado del test es positivo), y es del 40%. Es decir: de cada 10 personas que según el CPSS presentan un ACV, sólo cuatro lo tendrán realmente.
Terminando: ¿en qué se traduce todo este barullo de datos estadísticos? Pues en que, objetivamente, es una prueba absolutamente inútil para el despistaje extrahospitalario: tiene muchos falsos positivos (lo cual supone un problema relativo), y un gran porcentaje de falsos negativos (también conocidos como “ese error que no te puedes permitir”). Es una herramienta fútil, que puede crear una sensación de falsa confianza altamente contraproducente.
¿Conclusión? El email es un bulo con todas las letras.
Cómo detectar un ictus (I)
Me consta que algunos de los visitantes de este blog eran asiduos de Medtempus. Si es así, seguro que recordáis este post y el debate que me traje con Shora. Si no es así, seguid leyendo.
Escribo esta entrada a raíz de la idea que vi en MondoMedico de escribir para explicar y desmentir (o ratificar, si fuera el caso) muchos de los bulos médicos que circulan de email en email. A este respecto tengo que decir que, afortunadamente, me veo libre de muchos de esos correos basura; no obstante, recuerdo especialmente uno que recibí hace ya varios años, por el momento en que me llegó y por el debate que generó y al que me he referido antes. Dicho esto…
Explicación del bulo: errores.
Es muy posible que alguna vez hayáis recibido cierto mail-cadena que os explica cómo detectar un infarto cerebral. Como todos los bulos de este tipo, apela al sensacionalismo («Esto es muy importante y le puedes salvar la vida a una persona») y a argumentos de dudoso peso, traídos por los pelos. Entre ellos me hace especial gracia el de «Un cardiólogo dice que si reenvía este mail a 10 personas al menos una vida puede ser salvada.». ¿Un cardiólogo? ¿Qué coño sabe un cardiólogo sobre accidentes cerebrovasculares? Como no sea porque también se les llama “infartos cerebrales”…
Porque esa es otra. La persona que ha escrito esta presentación no tiene ni prostituta idea de que un infarto cerebral no es lo mismo que un ictus o accidente cerebrovascular (ACV). Un ictus o ACV es un problema de la irrigación del sistema nervioso central, distinguiéndose dos tipos absolutamente opuestos: isquémicos y hemorrágicos. Los isquémicos (el 70% de los casos) ocurren por falta de irrigación del tejido cerebral, la cual puede deberse a múltiples causas: desde una aterotrombosis (como en el infarto de miocardio) a un émbolo séptico en un paciente con endocarditis (es decir, un pequeño “bolito” desprendido de una masa de bacterias que crece agarrada a una válvula cardíaca). Por el contrario, los hemorrágicos (el 30% restante, y generalmente más graves) consisten en la salida de la sangre de los vasos sanguíneos, “empapando” la masa encefálica (hemorragia intraparenquimatosa) o quedándose recogida entre las meninges y comprimiendo el cerebro (hemorragia extraaxial). De los dos tipos de ACV mencionados, isquémicos y hemorrágicos, sólo los isquémicos admiten el nombre de “infarto”, pues el infarto es la lesión tisular resultante de la isquemia.
Pues bien, el autor de la presentación dice que «Un neurólogo afirma que si le llaman dentro de las primeras tres horas, puede revertir los efectos de un infarto cerebral totalmente.». Esto es incierto: no es verdad que se puedan revertir totalmente los efectos de un infarto cerebral. Pero también tiene su parte de verdad: la trombolisis, uno de los tratamientos para el infarto, ha de ser aplicada dentro de las tres horas siguientes a la aparición del cuadro. De hecho, sucede lo mismo que en el infarto de miocardio, donde la fibrinolisis es eficaz si se hace en las primeras tres horas.
Pero aún hay más: aunque hubieran llevado corriendo a su amiga al neurólogo, ¿os parece que habría servido de algo? Repito la pregunta de otra forma: dijimos que las tres horas eran críticas en el tratamiento del infarto cerebral, pero ¿vosotros creéis que lo que tenía la paciente realmente era un ictus isquémico? Creo que no hace falta ser ningún águila para percatarse que, después de un traumatismo, el problema era una hemorragia cerebral, no una isquemia: sirva como ejemplo el caso del profesor Neira. Por lo tanto, la expresión de “infarto cerebral” que aparece a lo largo de todo el texto es incorrecta. Además de que el abordaje terapéutico es completamente distinto: así como la isquemia cerebral requiere una acción inmediata, “disolviendo” el trombo con fármacos, la hemorragia impone una actitud de “sit & wait”, debiendo recurrir a la cirugía descompresiva sólo cuando el sangrado o sus efectos sean importantes.
Seguiremos mañana…
Una de cal y otra de arena
Aún es pronto
Hoy he tenido un debate con un médico que cantaba las bondades de la sanidad privada, y lo rematadamente mal que funciona la pública; entiendo que la salud pública a menudo es un mamoneo, y que es un error eso de que el puesto de trabajo sea prácticamente vitalicio (sin un incentivo, yo tampoco la hincaría). Pero eso no ha de cegarnos y evitar que nos percatemos de que el fin de la empresa es ganar dinero. Punto. Ni sanidad, ni pollas. Di-ne-ro. Eso no es simplificar los argumentos: es no perderse con palabrería.
El problema es que, como digo, a veces la gente se confunde. Y luego pasa lo que pasa. Afortunadamente, aún hay tiempo. Aún.





