Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Factor humano (I): introducción

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Esta es la primera entrada de una (brevísima) serie sobre psicología, y por eso la dedico a hacer la introducción. Estoy a punto de terminar (me queda la parte más aburrida, la de la gestión empresarial) el libro The Naked Pilot que, en contra de lo que pudiera parecer en un primer momento, no es una lasciva recopilación de fotografías de caballeros del aire, sino que se trata de una amena explicación de los factores psicológicos que subyacen en los accidentes de aviación.

El autor, David Beaty, es un psicólogo y veterano piloto que escribió este libro en 1991 para explicar el factor humano de los accidentes aéreos, sirviéndose de su conocimiento en ambos campos para hacerlo de una forma asequible y proporcionando numerosos ejemplos con casos reales. Y, a pesar de emplear un lenguaje un poco antiguo (¿motor de babor y estribor? ¡número uno y número dos, de toda la vida!) resulta bastante interesante.

¡Esperad, esperad, no os vayáis todavía, que aún no he empezado! ¿Psicología y aviación? ¡Qué coñazo! No señor. Me consta que no somos pocos los frikis que nos leemos los informes de las comisiones de accidentes, porque de ellos se pueden sacar lecciones muy útiles para la vida diaria: conceptos como el CRM (Crew Resource Management) o MCC (Multi-Crew Co-operation) pueden, bien entendidos, aplicarse al ámbito cotidiano. Independientemente de que seamos pilotos comerciales, médicos de urgencias o conductores de taxi, la mente humana siempre es la misma, así que es útil saber qué «agujeros» tiene para poder anticiparnos a ellos y evitar o paliar sus consecuencias.

Por dar un par de ejemplos: si sabemos que en una situación de estrés tendemos a focalizarnos sobre un único hecho, la próxima vez que el monitor se ponga a pitar, no nos fijaremos sólo en el parámetro en rojo, sino que controlaremos todos los demás. Si sabemos que no tendemos a hacer aquello que nos mandan, sino aquello que esperamos que nos manden, nos cuidaremos muy mucho de colacionar las instrucciones («Pásale media ampolla de atropina. − ¿Media ampolla de adrenalina? − ¡No, no: de atropina!»).

Para terminar la introducción, sólo hacer un pequeño disclaimer: sabéis el cariño que profeso a pseudociencias como la psicología, así que creedme que no me metería en este berenjenal si no me pareciese interesante. Prometo intentar hacer que sea interesante también para vosotros.

Perpetrado por EC-JPR

septiembre 2nd, 2008 a las 1:04 am