Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Cafeína

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Lo prometido es deuda. Eso sí: disculpadme el retraso en hacer esta entrada, pero quería consultar bibliografía para que quedase algo aparente, y últimamente ando liado de trabajo.

Introducción.

Empecemos por lo más básico: ¿qué es la cafeína? Seguro que podéis hacer una lista con los productos donde se encuentra: todos mencionaríais el café, pero sólo unos pocos os acordaríais del té o el chocolate. Entre otras cosas, porque existe la creencia popular de que el té no tiene cafeína sino teína, cosa que no es cierta; tanto el té como el café, como también el chocolate, el Red Bull o el Durvitan, tienen el mismo compuesto químico: la cafeína o 1,3,7-trimetilxantina, en una cantidad de 60-120 mg en un café de 150 mL, o unos 50 mg de cafeína en una lata de refresco de cola (330 mL).

Como curiosidad, el café y el té además tienen teofilina, y el cacao lleva teobromina, que son distintos miembros de la misma familia: el grupo de las metilxantinas, uno de los cuales (la teofilina: Theolair™) fue uno de los fármacos más usados antiguamente para el tratamiento del asma. Otra curiosidad: químicamente las metilxantinas están relacionadas con la purina y el ácido úrico.

Efectos de la cafeína.

El más conocido, el de quitar el sueño, lo sabéis todos. Pero como en este blog se espera un poquito de exhaustividad, hagamos un repaso de los otros efectos que tiene la cafeína en nuestro organismo…

  • Ino/cronotrópico: acelera el corazón y aumenta la fuerza con la que se contrae.
  • Broncodilatador: teóricamente, un café bien cargado tiene algo de utilidad para tratar un ataque de asma. Ahora, yo sigo prefiriendo el Ventolín…
  • Diurético: por eso se recomienda no beber té o café antes de subir a un avión o en una travesía por el monte, porque producen pérdida de fluidos, y acaban causando más sed de la que quitan.
  • Secretagogo gástrico: aumenta la producción de ácido clorhídrico y pepsina en el estómago: de ahí que empeore los síntomas del reflujo gastroesofágico y la úlcera de estómago (sin embargo, contrariamente a lo que se pensó durante un tiempo, no retrasa la curación del ulcus).
  • Psicoestimulante: esta acción es debida a la liberación central, sobre todo a nivel mesolímbico, de neurotransmisores (catecolaminas). Clínicamente, el sistema mesolímbico se asocia con sentimientos de deseo y recompensa (está muy relacionado con los mecanismos de la adicción a drogas), así como con los síntomas positivos de la esquizofrenia (alucinaciones y delirios).

Efectos secundarios.

En general, la cafeína nos da un empujoncito que permite aguantar un largo día de hospital después de haber dormido menos horas que dedos tiene una mano. Pero todos sabemos que, cuando nos pasamos (unas personas más fácilmente que otras, porque cada uno tiene su umbral personal), la cosa se vuelve desagradable. No nos sentimos despiertos y ágiles, sino inquietos y nerviosos. Además, ¿quién no ha pasado una noche de insomnio en exámenes gracias a unas tazas de café de más? Y que levante la mano el que no haya sentido alguna vez palpitaciones y taquicardia.

Si ya la cosa se desmadra, podemos incluso llegar a Urgencias: no sería el primer chaval que se ha tomado unos redbules de más y ha entrado por puerta con unas extrasístoles ventriculares que daba primor verlas. Entre otras manifestaciones físicas de la intoxicación también se cuentan la rubefacción facial, problemas digestivos variados o fasciculaciones (contracciones involuntarias de fibras musculares).

Y, como buen fármaco con efectos sobre el SNC, también tiene sus efectos secundarios sobre el mismo (logorrea, agitación psicomotora), y hasta su propio síndrome de abstinencia, que aparece en grandes consumidores de cafeína (recordad: no sólo café), y que cursa con sensación de fatiga, adormecimiento, dolor de cabeza e irritabilidad.

Fisiología.

Hemos hablado de los efectos de la cafeína. Vale, pero… ¿cómo funciona exactamente en nuestro cuerpo? Con la venia de la audiencia, me voy a poner un pelín más técnico en esta parte.

En primer lugar, hay que saber que la cafeína se absorbe bien por vía oral. La Cmax se alcanza tras 30-45 minutos de la ingesta, y su semivida es de unas tres horas (es decir, tras ese tiempo la concentración será ½ de la original). De toda la cafeína ingerida, el 90% se metaboliza vía CYP1A2 (un citocromo, un tipo de vía enzimática muy común en el catabolismo de fármacos), y el 10% restante se excreta directamente vía renal. Como curiosidad añadiré que el tabaco aumenta el aclaramiento de la cafeína (es decir, cuando alguien deja de fumar, el café le “pega” más fuerte), al contrario de lo que sucede con los anticonceptivos orales o el embarazo, que disminuyen la velocidad de eliminación. Y, como último frikidato, la cafeína potencia los efectos tóxicos de los AINE en el riñón.

Y una vez dentro de nuestro cuerpo, ¿cómo lleva a cabo sus acciones? Antiguamente se pensaba que estaba implicada en vías adrenérgicas, activándolas (por un lado) e inhibiendo su freno (por otro). De hecho, la cafeína es un inhibidor de la fosfodiesterasa, que es la enzima que degrada el AMPc, el cual a su vez es el señalizador intracelular que se produce cuando se estimula un receptor* adrenérgico. Simplificando (mintiendo): que la cafeína nos mantiene en una descarga de adrenalina perpetua.
*⇒ Un receptor es una estructura en la pared celular a la que se une un ligando (noradrenalina, adenosina…) para transmitir mensajes al interior de la célula.

Sin embargo, posteriormente se descubrió que la acción sobre los receptores adrenérgicos ocurre con concentraciones del fármaco mucho mayores que las habituales. ¿Qué sucede entonces? Parece ser que las xantinas principalmente actúan sobre otro tipo de receptores, los adenosínicos, bloqueándolos. Esto significa que, si los receptores de tipo adenosínico inhiben canales de calcio, y yo bloqueo esos receptores, estoy haciendo una doble negación: realmente estoy abriendo canales de calcio (los que no hayáis estudiado esto antes posiblemente tengáis que releerlo un par de veces antes de caer en la cuenta). Y cuando permito que entre más calcio a la célula ocurre un aumento de la fuerza contráctil. ¿Os suena? Pues esto mismo ocurre con los demás efectos de los receptores adenosínicos: la cafeína “invierte” la acción que tienen por sí solos, como es la depresión del SNC (sedación, analgesia) o la antidiuresis, entre otros.

So far, so good. Si se ha entendido, me doy por satisfecho. Si os ha gustado, me alegro mucho. Si lo primero no se cumple, decidlo en los comentarios para que intente enmendarlo. Si lo segundo no lo he conseguido… joderse, que os he hecho perder cinco (preciosos) minutos de vuestro tiempo.

Hasta la siguiente entrada.

Perpetrado por EC-JPR

octubre 15th, 2008 a las 12:08 am

Categoría: Medicina

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