Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Archive for Noviembre, 2008

El más allá (de las puertas de quirófano)

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Señoras y señores: una vez más, me ausento del país por unos días, así que ya saben lo que toca, ya se conocen el procedimiento de otras veces. De todas formas, para que se les haga más llevadero, me marco una entrada de las larguitas. Que la disfruten.

Me atrevería a decir que casi todos tenemos algún familiar que ha pasado por quirófano, cuando no somos nosotros mismos los que hemos estado bajo los focos. En el segundo caso, y gracias al anestesista, ni hemos sentido ni hemos padecido. Sin embargo, en el primero, muchos habréis sentido la angustia y la incertidumbre de la espera: ¿habrán terminado ya? ¿Por qué les cuesta tanto? A ver si han tenido complicaciones…

Y no, generalmente no ocurre así. Las complicaciones son relativamente raras, y el tiempo que el paciente está al otro lado de las puertas es sólo el necesario para la intervención… y todos los “procesos” asociados. Así que, como administrador dando explicaciones de dónde han ido los duros, voy a intentar resumiros qué pasa desde que el celador se lleva al paciente, dando unos tiempos aproximados, para que no os preocupéis la próxima vez que tarden en salir a deciros cómo fue la operación.

Estamos en la habitación, con nuestro padre/amigodelalma/whatever. Le van a quitar la vesícula: algo que el cirujano, en la consulta, dijo que no duraba más de cuarenta y cinco o sesenta minutos. Nos dijeron que le tocaba segundo turno; cuando termina la primera intervención, el anestesista llama a la planta para que vayan bajando al siguiente paciente. 10:30.

Un celador entra a la habitación, toctoc, venga, te toca ahora. Las despedidas de rigor, el «tranquilo que todo va a salir bien» mientras se cierran las puertas del ascensor. Cuando llegan abajo, el anestesista está haciendo el ingreso del paciente anterior en la URPA, los cirujanos redactan el informe y se toman un café, y el personal de limpieza se afana en dejar el quirófano como los chorros. El paciente entra en su cómodo Cadillac blanco a una sala donde le dicen que le van a cambiar de cama: ¡mentira! Pretenden sacarle de su cama con su mantita a un artefacto negro, estrechísimo, cubierto con una triste sabanilla que no evita que sienta el frío. Bueno, ahora vendrá el anestesista a hablar contigo. 10:45.

El Doctor Sueño va a la sala de espera a recoger al paciente, que lleva casi diez minutos mirando al techo, temblando de miedo o nerviosismo, no lo sabe bien. Buenos días, Marina: ¿de qué pierna te íbamos a operar, la derecha? ¡Ah, que era la vesícula! jeje No te preocupes: estaba bromeando. ¿Glups? No: está comprobando la identidad del paciente y la intervención. ¿Estás en ayunas? ¿Te han operado alguna vez? ¿Tuviste algún problema con la anestesia? ¿Eres alérgica a algo? Empuja la camilla hasta el quirófano, y la deja sobre una base fija, quitando la de las ruedas. Una máscara: venga, respira hondo, que esto es oxígeno. La enfermera pone pegatinas y cables por todas partes, ¡pero no levantes el camisón, que estoy en bolas! Venga, ahora notarás que te vas quedando dormida… puede que al principio te pique un poco el brazo, pero eso es normal. Fenta, una ampolla de propo y otra de Nimbex. Intuban, sujetan al paciente con cinchas y terminan de preparar todo. ¡Que entren los cirujanos! 11:15.

Se sitúan los paños estériles y todo el mundo va tomando posiciones. Los cirujanos pasan al quirófano cual procesión de monjes, con las manos lavadas recogidas a la altura del pecho, y se ponen las batas mientras ordenan: ¡Separadle las piernas! Yo me pongo a la derecha ¿Puedes apartar ese carrito? Empezamos: ¡bisturí! 11:30.

Imagen trócaresHacen unos pequeños cortes en la tripa: la cirugía será por laparoscopia, así que basta con cuatro incisiones de unos dos o tres centímetros, a través de las cuales pasan los trócares, que a su vez son el conducto por el que introducirán la cámara y el instrumental. Inclinan la mesa del quirófano, hinchan la tripa del paciente (para que se vea todo bien) y empiezan. Primero identifican y disecan las estructuras: arteria y conducto císticos, ¡y cuidado, no te folles el colédoco! Luego las ligan y cortan, y después separan la vesícula de su lecho y la meten en una bolsita para poder sacarla de la tripa. 12:15.

Quitan los trócares, el residente sutura las incisiones mientras el cirujano se quita los guantes, ¡plas-plas!, y escribe el informe de la operación. El anestesista empieza a despertar al paciente. Retiran todos los paños estériles, ¡Marina! ¡Que ya hemos terminado! Venga, abre grande la boca… El celador entra al quirófano la cama de la paciente, la pone al lado de la mesa, y con mucho cariño y la ayuda de una tabla pasan a Marina a un cómodo lecho con sábanas blancas. El anestesista recoge la historia de la paciente y empuja la camilla hacia la URPA. 12:35.

Los cirujanos salen a hablar con la familia: ¿Qué ha pasado, doctor, ha habido alguna complicación? — No, ¿por qué lo pregunta? — Hombre, como nos dijeron que duraría una hora y han pasado dos… — No, no se preocupe: ha salido todo bien. Marina está en la sala de despertar; dentro de una hora o así la subirán a la planta, así que pueden esperar en la habitación.

Lo dicho, no había razón para preocuparse. Y eso que el “retraso” sólo ha sido de una hora sobre el tiempo estimado: no os quiero ni contar si la cirugía requiere una preparación más larga o es más laboriosa (lo cual no significa que se complique), ¡los familiares se comen hasta los muñones! Así que ya lo sabéis para la próxima vez que os toque: al otro lado de las puertas del área quirúrgica ocurren muchas más cosas que la simple operación, bisturí por aquí y puntos por allí, de modo que respirad tranquilos, que los cirujanos saben hacer bien su trabajo.

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 28th, 2008 a las 1:20 pm

Categoría: Medicina

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Donde hay duda

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Ubi dubium ibi libertas.
Donde hay duda, hay libertad

Proverbio latino.

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Noviembre 27th, 2008 a las 11:01 am

Categoría: Citas

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PPR

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- Bien. Primero, dime qué puesto ocupas en la empresa.
- Puta.
- ¿Puta?
- Sí, lo mismo te plancho un huevo que te frío una corbata. Soy el informático.

Wardog, en su línea

Y, antes de que alguien pregunte por el título de la entrada:
Estar de PPR (o Puta Por Rastrojo): Dícese del trabajador, especialmente aquel con numerosas habilidades (internistas, anestesistas…), cuyo sueño nocturno es interrumpido para resolver cualquier gilipollez.

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 24th, 2008 a las 11:31 pm

Categoría: Citas, Humor

Dilema moral (y II)

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Con esta entrada ato los flecos que dejé sueltos en la primera entrega, la de los trenes, las agujas, el mal menor y las decisiones guiadas por los sentimientos. Prácticamente todo quedó visto en los comentarios (desde luego, no me faltan motivos para sentirme orgulloso de mis lectores), pero prometí que haría otra entrada para explicarlo.

Por ejemplo, la diferencia entre el segundo caso y el tercero. Los copio aquí para los que no recuerden de qué iba cada uno…

  • Un tren se acerca por una vía en la cual hay cinco personas que no tienen forma de enterarse de su llegada hasta que les atropelle, y no puedes avisarles a ellas ni al maquinista. Sin embargo, puedes desviar el tren por una vía alternativa, que hace un bucle y vuelve a la original justo antes del grupo, así que el tren seguiría atropellándoles. No obstante, en ese bucle hay un gran obeso, con cuya masa se detendría el tren a costa de que él la pifiase. Así que, o dejamos que el tren siga por la vía y se cargue a cinco, o lo desviamos al bucle y se detenga chocando con el gordito. ¿Qué haces?
  • En un hospital hay cinco enfermos, cada uno con un fallo letal de un órgano distinto, y todos morirán inevitablemente a no ser que se les trasplante el órgano defectuoso. No hay ningún donante compatible con ellos, y no serviría emplear las piezas de uno para curar a los otros. Sin embargo, en la sala de espera del hospital hay una visita, completamente sana, cuyos órganos salvarían a los cinco enfermos… a costa de matarle. ¿Qué haces?

Si os acordáis, dije que estos casos eran iguales. El motivo, como bien comentó Rinzewind, es que ningún ser racional debe ser empleado como medio para un fin sin su consentimiento (Kant dixit, al hablar del imperativo categórico): si en cualquiera de los dos casos tomamos a la víctima y la quitamos de la ecuación, el resultado no es el mismo. Por lo tanto, los estamos usando como medio, y eso es moralmente inaceptable, independientemente de que en un caso sea “el tren” el que lo mate y en el otro sea yo con mis propias manos.

Por otra parte, Zamuro preguntó: ¿qué ocurriría si el “mal menor”, la “víctima colateral”, fuese tu propio hijo? La respuesta que podamos dar aquí depende de la parsimonia moral que, resumidamente, es la cualidad de aplicar las mismas reglas en distintas situaciones. Así pues: ¿denunciarías al ladrón que cometió un robo, si sabes quién es? ¿Y si hubiera robado un banco? (por lo de “Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”…) ¿Y si el ladrón fuera tu hermano? Si queréis comprobar qué tan parsimoniosos sois, podéis intentarlo con este test (a mí me salió un número con dos cifras redondas).

A colación de este último punto, Tall & Cute citó una entrada en la que desgrana un artículo de Nature* titulado “Damage to the prefrontal cortex increases utilitarian moral judgements” o, en otras palabras, “prefiero salvar a cinco personas antes que a un bebé”. Es una estudio comparativo en el que seis pacientes con un daño en la corteza prefrontal ventromedial (CPVM) presentan un patrón de respuesta utilitarista, frente a los controles que no tenían esa lesión. Hay que decir esa región cerebral es una de las involucradas en las emociones sociales y la codificación emocional de los estímulos sensitivos; los enfermos con ese daño apenas sienten compasión, vergüenza, culpa o enfado, mientras que conservan las capacidades para el razonamiento general, inteligencia y el conocimiento de las reglas sociales.

Esto enlaza con la tesis planteada en la entrada del otro día: las decisiones morales están guiadas por la emoción. El artículo citado afirma que «neuroimaging studies consistently show that tasks involving moral judgement activate brain areas known to process emotions», pero aún no ha quedado claro si esa activación es causa o efecto del juicio moral. De ahí el valor de las conclusiones de este estudio (a pesar de su escaso tamaño muestral), que pone de manifiesto que las personas con un daño en la CPVM carecen de reacciones emocionales, aplicando tan sólo las normas sociales “explícitas” pertinentes (vg. mal menor), de lo que resulta ese comportamiento llamado utilistarista.

Y, para terminar, un bonus track. En los comentarios de la entrada, MaKö nombró un artículo cuya cita proporcionó Hel: Unconscious determinants of free decisions in the human brain, de Nature Neuroscience*. En él se demuestra que las decisiones aparecen en el cerebro varios segundos antes de que seamos conscientes de ellas. Para ello sometieron a estudios de resonancia magnética funcional a un grupo de sujetos y les pidieron que apretaran un pulsador con la mano izquierda o derecha en cuanto quisieran; pues bien, el sentido de la respuesta aparecía en las cortezas frontopolar y parietal hasta diez segundos antes del momento en el que el sujeto decía haber decidido apretar el pulsador.

Dicho esto, prometo que la próxima entrada que escriba será de medicina de verdad. Que no os he tenido todo este tiempo esperando para nada.

* -> Los artículos citados son:
Damage to the prefrontal cortex increases utilitarian moral judgements. Koenigs M, Young L, Adolphs R, Tranel D, Cushman F, Hauser M, Damasio A. Nature. 2007 Apr 19;446(7138):908-11.
Unconscious determinants of free decisions in the human brain. Soon CS, Brass M, Heinze HJ, Haynes JD. Nat Neurosci. 2008 May;11(5):543-5.

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 23rd, 2008 a las 5:36 pm

Juventud

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La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo.

Atribuida a George Bernard Shaw, aunque no he encontrado fuentes fidedignas.

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Noviembre 14th, 2008 a las 12:10 am

Categoría: Citas

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Derecho a… ¿qué?

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Estaba yo comiendo tranquilamente mientras escuchaba el programa de las dos y media en Telecinco cuando oí algo que me hizo removerme en la silla como si alguien arrastrara sus uñas contra una pizarra.

Os resumo el caso: niña de trece años que hace siete sufre una leucemia, tratada con quimioterapia. Como efecto secundario de la quimio le aparece una comunicación interventricular: un orificio que comunica los dos ventrículos, de modo que la sangre que debería enviarse al cuerpo realmente va al ventrículo derecho. Desarrolla por lo tanto una grave insuficiencia cardíaca: el corazón apenas “funciona”. Los médicos le plantean el tratamiento: un trasplante de corazón. Si funciona, se cura, y si no funciona… bueno, de todas formas ya está condenada. Y la niña, agárrense los machos, rechaza ese trasplante. Hasta aquí, ni tan mal; dejo para el final el hecho de que se trate de una muchacha de trece años.

Derechos, rechazo del tratamiento y muerte digna.

El tema es que el locutor de esta tarde ha metido “derecho a morir dignamente” y “rechazar un transplante de corazón” en la misma frase. Y claro, ahí me he mosqueado, he decidido buscar algo, y he encontrado este artículo en la BBC. Sólo el título ya produce arcadas: «Girl wins right to refuse heart» ¿¿QUÉ?? :shock: ¿Me lo repita? ¿Desde cuándo un paciente no puede negarse a un tratamiento, para que el periodista diga que ha “conseguido” ese derecho? O sea que los médicos podíamos obligar a los pacientes a que se traten. Coño, y yo sin saberlo: qué bueno que me lo dijiste, Maripili. Por si queda alguna duda: Ley 41/2002, de autonomía del paciente, artículo 8.1:

Toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente necesita el consentimiento libre y voluntario del afectado.

Y la cosa viene de antes. La Ley General de Sanidad, 14/1986, artículo 10.9, afirma que «[El paciente tiene derecho] A negarse al tratamiento» Por consiguiente, ¿qué tiene de extraordinario que un paciente rechace el tratamiento?

Pero, no contento con eso, el periodista británico añade en el tercer párrafo: «Hannah (…) said she wanted to die with dignity». Ya estamos con que si la abuela fuma. Quiero pensar que el juntaletras ha soltado esto sin darse cuenta, porque si no es así, merece que le pasen por la quilla. Lo repetiré por enésima vez:

  • Una cosa es el ensañamiento terapéutico: adoptar medidas extraordinarias para alargar la agonía y aplazar una muerte inevitable y próxima. Por ejemplo, un paciente en la UCI.

  • Otra cosa es “morir con dignidad”, una frase hecha que significa “eutanasia”: que el paciente pueda decidir sobre su muerte si se prevé que expire próximamente y/o sufre una enfermedad gravemente incapacitante. Por ejemplo, un cáncer terminal.
  • Y otra, que no tiene nada que ver, es negarse a recibir un tratamiento curativo. Por ejemplo un trasplante.

Al loro con los matices, especialmente el de “alargar la agonía” y “recibir un tratamiento curativo”. ¿Me explicáis ahora qué carajo ha querido decir el periodistilla? Ojo: repito que el paciente está en su perfecto derecho de mandar a tomar por culo al médico que le propone una solución. Pero aquí no estamos hablando del “derecho a una muerte digna” ni de coña. Estamos hablando de un tratamiento cuasicurativo, que mejorará la calidad de vida de la niña.

Paciente menor

Esa es otra. Antes, cuando cité la legislación española, hice como los políticos: decir una verdad a medias. Porque en ambos casos se explicita que el paciente podrá negarse… cuando esté capacitado para ello (Artº 9.3) Un demente no puede. Un niño de cinco años, tampoco. ¿Y una de trece? (o doce, si tenemos en cuenta cuándo dice la BBC que tomó la decisión). No se trata aquí de hablar sobre si el niño se circuncida o no: estamos hablando de una elección vital. ¿Ya está la niña en condiciones de decir que no quiere trasplantarse? Obviamente, si la muchacha tuviera veintitantos tacos, ni hubiera salido en las noticias ni yo estaría aporreando el teclado habiendo dormido anoche cuatro horas.

Me permito hacer un juicio de valor, completamente personal: ¿qué tiene de especialmente desdichado el caso de esta niña? ¿Cuántos no habrán pasado por infiernos peores? Dice que está harta de tomar tantas medicaciones, mientras enseñan cajas de digoxina, Aldactone y Capoten: el tratamiento estándar de la insuficiencia cardíaca (seguro que muchos de vuestros padres o abuelos toman lo mismo). Y yo pienso: si esta niña tuviera que pincharse insulina todos los días, ¿qué diría? ¿Se tiraría por un puente, por lo desafortunada que es?

Sea como fuere, la decisión corresponde a sus padres. Son ellos quienes deben decidir si su hija se opera o no, si bien se recomienda que se tenga en cuenta la opinión del niño. Entramos aquí ya en la figura del “menor maduro”, un concepto de fácil comprensión pero definición bastante etérea. Y seguimos en las mismas: parece que lo mejor sería que la niña fuera trasplantada (o, al menos, que se incluyera en una lista de candidatos), pero ésta se niega. ¿Le hacemos caso a ella o al sentido común?

Esta vez, afortunadamente el sentido común juega a nuestro favor: no se trata de ser éticos, sino de ser prácticos. Una cosa está clara: en el caso de un trasplante, si el paciente dice que no, es que no. ¿Por qué? Simplemente, porque el seguimiento del tratamiento inmunosupresor ha de ser a rajatabla, algo que es imposible lograr sin la cooperación del enfermo.

Ya hemos resuelto el caso. Pero no me he quedado a gusto. Porque, si no fuera por lo que acabo de decir, ¿creéis que se debería obligar a la niña a tratarse, habida cuenta su edad?

Y dicho esto, yo me voy a dormir, que mañana a las siete tocan diana. Que descansen. Ah, y no me olvido de las entradas pendientes (G-LOC, dilema ético del tren…).

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 12th, 2008 a las 12:19 am

Gravatar

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Yo pensaba que Gravatar era algo que todo el mundo conocía. Una pichorrada más de las que hay por la red, como OpenID y similares, que el que no la usa es porque no quiere. Pero el otro día me di cuenta de que no era así. Así que esta (breve) entrada explica por qué cuando comento en un blog sale el emblema de Boeing.

Es cosa de Gravatar. Te registras, subes una imagen, y cada vez que comentes en un blog que tenga activado Gravatar (como ocurre en casi todos los basados en WordPress), reconocerá tu email y pondrá la imagen correspondiente. Personalmente le veo la ventaja de que permite “validar” tu alias vía email (yo podría firmar con tu nombre, pero si no conozco tu dirección de correo no saldría tu dibujito).

Es más simple que el mecanismo de un chupete. Tan sólo hay un pequeño inconveniente, que me tocó sufrir durante varios meses: asegúrate de que tu gravatar aparece como calificado para todos los públicos (“Rated G”). Lo digo porque un buen día, mi elegante icono cambió a uno aleatorio que parecía un caleidoscopio epiléptico (con cuadraditos y triangulitos amarillos, morados, verdes…), y no me percaté hasta que entré a mi cuenta de Gravatar. Un duende había cambiado la calificación del icono de “Tienno e inocente” a “Hardcore fisting”. Y claro, los blogs reconocen la calificación de tu logo, y sólo la muestran si se adapta a la de su selecta audiencia…

Y dicho esto, no quiero ver más comentarios sólo con el nombre: ¡poned un poco de color a vuestros nicks!

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 9th, 2008 a las 3:41 am

Categoría: Informática

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Nivel de vida

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Los ricos viven igual en todas partes. Las clases medias, en función de la tecnología del momento. Y los pobres, en función del PIB del país.

Oída en una conversación; ni idea de quién la acuñó.

Citado en:
Halón Disparado: “Eso llamado nivel de vida”
Moléculas y filamentos: “La cara dura de la crisis”

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 7th, 2008 a las 12:08 am

Categoría: Economía

De lenguas y similares

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Si un día dije que me ibais a llamar Mengele, hoy me arriesgo a que me pongáis de facha para arriba. Sin embargo, espero que entendáis los planteamientos que hago, y me digáis en qué estoy confundido, ¿vale? Zambullámonos pues en el tema.

Estos últimos meses he tenido la gran suerte de poder viajar muchos kilómetros. He visitado varias regiones, muy separadas y diferentes entre sí, pero que tenían un punto en común: todas pertenecen a un país cuya lengua oficial es mundialmente conocida, y en todas existe una lengua cooficial de escasa difusión y penetración. Podría ser el caso, por ejemplo, de Bilbao, donde conviven el español y el euskera, pero sirve cualquier otro que se os ocurra. Sea como fuere, hablamos de una región en la que la totalidad de la población conoce ese idioma “global” (léase español, francés, inglés…), y en la que coexiste, generalmente con el beneplácito del gobierno de turno (y el soporte indispensable para permitir su existencia) otra lengua, conocida por mucha menos población, y empleada cotidianamente por un porcentaje marginal de los ciudadanos.

Entiendo que los idiomas son una manifestación de la cultura propia de una región. Quizás por eso se les emplee (y sean en sí mismos) como una muestra de nacionalismo, como ocurre por ejemplo en Suiza. Seguro que sabéis que hay una parte de Suiza que habla francés, otra (muy pequeñita) que habla italiano, y que la mayoría del país habla alemán. Pues bien: eso no es del todo cierto. En realidad no hablan Deutsch, sino Schwiizerdütsch, una variante oral del alemán que casi parece polaco. ¿Qué aliciente tiene? Ninguno. Simplemente, que es “su” versión personal del alemán: cuando quieren, hablan en su lenguaje particular, y no les puede entender nadie que no forme parte de su “club”. Es gracioso, porque además se trata de un idioma transmitido oralmente, y que carece de forma escrita (lo más correcto sería decir que carece de reglas ortográficas, pues la gente lo escribe como suena, resultando que una misma palabra puede tener tantas grafías distintas como personas la deletreen). Sin embargo, no cuenta con apoyo oficial alguno; la enseñanza y las comunicaciones públicas (oficiales, prensa…) se hacen en Hochdeutsch, alemán estándar. Nada que objetar: si no fuera por el chauvinismo desmesurado de los suizos (pero ese es otro problema), estos no tendrían ningún problema en viajar a Alemania, y viceversa.

Así pues, después de irme por las ramas, hemos visto que las lenguas, en sí mismas, enriquecen al pueblo que las habla. Siguiendo con los suizos, no sabéis cómo admiro que un universitario sea capaz de expresarse fluidamente en suizo, alemán, francés e inglés (no como en este reino de taifas, que las pasamos putas con un único idioma). Por consiguiente, no hay razón para denigrarlas, y sí para mantenerlas. Pero los árboles no nos deben impedir ver el bosque, y sería una insensatez permitir que un idioma local, limitado, prevalezca sobre otro que no sólo es el nacional, sino que además es lengua vehicular de millones de personas. Vamos, que no es lo mismo renegar del sueco que del español.

Antes de que contraargumentéis, os aviso: me he visto en la tesitura de no poder aparcar el coche porque no sabía qué carajo ponía en la señal (y tratándose de multas, no me conformo con mi intuición). Colegas míos ni se plantean ir a ejercer a Cataluña porque no hablan catalán. Algunos de mis amigos lo pasan mal cuando salen al extranjero porque estudiaron su idioma autóctono en vez de inglés. Y otros ni siquiera pueden expresarse correctamente en español.

Por consiguiente, el hecho de la potenciación de las lenguas locales supone un lastre en las comunidades afectadas. No hablo del gravamen económico que conlleva el hecho de traducir todo a dos idiomas, y que sería consecuencia de la paridad. Me refiero a las puertas que se cierran debido al fomento de una sobre otra: a la gente que, como mis amigos, se ven coartados a la hora de salir al extranjero. A los chavales que se pierden cuando llegan a la universidad porque no estudiaron Biología o Química en español.

Y es que la lengua es un vehículo para las ideas. Un idioma con un vocabulario escaso, no sirve: no puede reflejar la realidad, no puede transmitir algo que “no cabe” en él. Un idioma con una comunidad de hablantes reducida es poco útil, pues restringe las relaciones al estrecho marco de ese grupo: verbi gratia, es el caso del latín o el esperanto. Los idiomas deben servir para abrirnos al mundo; como dijo Ender en Halón Disparado,

Quiero aprender idiomas que me sirvan para comunicarme con más gente, no con menos.

Una persona que hoy aprenda francés puede moverse por media Europa. Alguien que aprenda catalán podrá ir a Plaça Catalunya… a comprar en el Corte Inglés. ¿Qué utilidad tiene entonces? ¿Por qué favorecer el aprendizaje del euskera o el gallego, en vez de hacerlo con el francés o el alemán?

En fin: creo que ya he dicho todo lo que quería. Lo que no estoy nada seguro es de la forma, ni de si habrá quedado claro. Pero bueno, para eso están los comentarios. Adelante.

Perpetrado por EC-JPR

Noviembre 1st, 2008 a las 12:39 am

Categoría: Opinión

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