Archive for julio, 2009
¿Sabías por qué… sientes hormigas en las manos cuando estás nervioso?
¿A alguno de vosotros le ha ocurrido alguna vez sentir un hormigueo en las manos o los brazos cuando se ponía nervioso, quizás en una montaña rusa o antes de un examen? Incluso es posible que la cosa haya pasado a mayores, esos hormigueos se extendiesen por brazos y pies, sintiéseis que os falta el aire y pudiéseis llegar a desmayaros o caer presas de un ataque de pánico.
Pues bien: a pesar de lo incómodo de la sensación (algunas personas llegan a decir incluso que “pensaban que se morían”), lo que ha ocurrido es simplemente que estábais hiperventilando, respirando más deprisa de lo normal. Esto es algo que hacemos inconscientemente cuando nos ponemos nerviosos y que, en contra de lo que puede parecer, no aumenta el oxígeno de la sangre (los “camiones” que la transportan ya están llenos): la consecuencia de respirar mayores volúmenes (más rápido y/o más profundo) es “limpiar” la sangre de CO2, descendiendo la concentración de ácido carbónico. El resultado es un aumento del pH (alcalosis), cuyos síntomas son los que he enumerado en el primer párrafo: desde las parestesias (hormigueos) hasta la pérdida de conciencia.
Esto además tiene el inconveniente de que, al ser una sensación incómoda y extraña, nos pone más nerviosos, haciendo que ventilemos más y agravando el problema. ¿Cuál es la salida de este círculo vicioso? La mitiquérrima bolsita de papel para respirar dentro de ella o, si le quieres vacilar al incauto, pedirle que silbe. Con lo primera estará respirando su propio aire, aumentando el contenido en CO2, y con la segunda disminuyes la frecuencia y profundidad de la respiración.
Un último frikidato, y ya me voy: ¿sabías que hay un tipo de crisis epiléptica en adolescentes que se puede desencadenar por una hiperventilación? Son las crisis de ausencia, también conocidas como petit mal. Sin más, sólo era por comentarlo.
La luz que no se ve
Cuando uno toma una fotografía, generalmente se fija en lo que tiene delante. Si hablamos de la luz, uno suele intentar que sea lo más homogénea y potente posible (poniéndose con el sol de espaldas y/o usando el flash, si fuese necesario y sin abusar). Ajustas los parámetros de la cámara en función de lo que te dice el exposímetro, para no quemar la foto ni dejarla subexpuesta (más negra que el sobaco de Barragán). Apuntas, disparas y revisas la foto en la pantalla. Y entonces, si tienes suerte, te das cuenta de que te habías puesto justo debajo de un foco halógeno. Y aprendes que el parasol también se puede usar dentro de una iglesia.
Un ejemplo:

¿Qué había ocurrido? Al situarme debajo del halógeno, la luz de éste incidía oblicuamente sobre la lente, “iluminando” el cristal (el color verde es por el tratamiento antirreflectante que lleva), que es lo que vemos en la fotografía. Esto puede pasar fácilmente desapercibido cuando no se le presta atención: tuve buen cuidado de no retratar ningún foco, porque uno de esos puede quemarte la imagen, pero no caí en la cuenta de que su luz puede reflejarse en el cristal y darme un regalito así.
Como curiosidad, días después me ocurrió algo parecido; esa vez la luz impactó con el filtro (que no lleva tratamiento antirreflectante verdoso), en vez de con la lente del objetivo. Menos mal que ahora ya me lo sabía, y pude repetir la foto en condiciones. He aquí el resultado:

Conclusión: como me dijo una vez un amigo, «Cortando cojones aprendí a capar».
Pérdida de conciencia
El otro día, Ulukai planteaba una duda sobre una palabra escuchada muy a menudo dentro y fuera del ámbito hospitalario: ¿cuál es la forma correcta, “conciencia” o “consciencia”? Supongo que el problema viene porque el adjetivo correspondiente es “(in)consciente”, con s, por lo que parece que el sustantivo más adecuado es el que también la incluye, debiendo hablar pues de “pérdida de consciencia” y similares. No obstante, yo siempre he preferido la forma sin s, y no sé muy bien por qué: bebamos de las fuentes para ver qué es lo correcto.
Si vamos al DRAE, leemos que se acepta tanto consciencia como conciencia, con un significado muy similar pues, de hecho, ambas comparten la misma raíz latina conscientia. Es más: si la memoria no me falla, diría que la diferencia es que “conciencia” está un paso más evolucionada, más alejada del latín, que su hermana con s. En cualquier caso, como decía, ambas formas son potencialmente intercambiables excepto en un punto: cuando la empleamos para referirnos a la moral (el “conocimiento interior del bien y del mal”, como lo llama el DRAE), acepción que sólo corresponde a la palabra “conciencia” (vg. objeción de conciencia, actuar en conciencia, etcétera), como lo deja bien claro el Panhispánico de Dudas.
Por lo tanto, respondiendo a la pregunta de Ulukai, podemos perder la conciencia o la consciencia, como más nos guste, pero teniendo siempre cuidado de no golpearnos la cabeza al caer.


