Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Seis años, y aún queda mucho por hacer. Afortunadamente.

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Ciento ochenta y un nuevos médicosNo suelo programar las entradas para su publicación, pero hoy hago una excepción. Sólo para decir que, mientras vosotros leéis esto, yo estoy (estaré) disfrazado de cantante de coro de gospel, con una toga negra y una muceta amarilla, recibiendo un papel que me reconoce un gran poder y, con él, una enorme responsabilidad. Por fin soy médico.

Como he dicho en el título, han sido seis años. Seis años de estudio; a los que dicen que Medicina es una carrera para listos, les respondo que están confundidos: Medicina es una carrera para tontos con tiempo libre. No hay que tener una gran inteligencia, sino muchas ganas de aprender y una enorme voluntad para calentar la silla. Pero para ser médico no basta con ser “Licenciado en Medicina”: hay que tener un ansia de saber, un amor por el conocimiento en sí mismo y no porque entre en el examen. Leer, leer y leer. Ver, preguntar, hacer. Vivir la Medicina. Quien no sienta esa pasión, malamente podrá ser médico: ni sabrá, ni se preocupará por saber ni por atender a sus pacientes. Será un simple funcionario de la sanidad.

Perdón por el desbarre. Eso: seis años. Seis años de hacer grandes amigos, de vivir experiencias de todo tipo: de la primera vez que reanimé a una persona y la primera vez que me dijeron que era simplemente un buen amigo. La primera vez que suspendí (¡y la última!), que piloté un avión (avioneta, vale) o que me operaron (todo médico debería verse alguna vez al otro lado). Seis años de los cuales más de dos he estado embarcado en el proyecto de este blog, y cada día me alegro más por ello.

Pero hoy se rompe la baraja. Cuando esta noche nos recojamos después de cenar, unos se irán a Oviedo, otros seguiremos aquí, algunos se volverán a sus ciudades y otros a sus países. Antes de un año nos volveremos a dispersar: a algunos los veré muy pronto, a otros no tanto como quisiera, y muchos pasarán a ser un simple nombre en el anuario.

Pero como no me gusta hablar en pasado sino en futuro, ya tengo la mente puesta en ese examen en el que tengo que demostrar que soy capaz de memorizar con todo detalle 2.000 páginas de Medicina. En ese momento en el que, con esfuerzo y suerte, tendré que decidir si me dejo guiar por el corazón y no elijo cardio, o por la razón y no hago anestesia. Afortunadamente, hoy no acaba una etapa: hoy empieza otra. El momento de hacer las maletas y salir de la casa y la ciudad donde he vivido más de veinte años, yendo a donde me lleva una persona. El momento de verme cara a cara con mi paciente (y con mi primera muerte). De, ¡por fin!, poder sacarme la licencia de piloto. Y, en general, de no desfallecer, siempre con la mirada al frente y el paso firme. Una anécdota: hace unos años, mientras cruzaba el país para ver a alguien, me di cuenta de que sin padrinos ni heredades, sólo con una mochila a mi espalda, ya llevaba todo lo que necesitaba. Todo lo que soy, y lo que puedo ser, lo llevo conmigo y depende sólo de mí: no necesito nada más, me basta con mi conocimiento, mi experiencia y mi actitud. Eso lo vi claro hace unos años, y me alegré cuando hace unos meses nos lo recordó la que hoy tenemos la suerte de que sea madrina de nuestra licenciatura.

En resumen, hoy acaba el capítulo de estos seis años. Y empiezo a escribir el de los que vienen: tengo muchas páginas por delante y el boli lleno de tinta. Voy a ello. ¿Me acompañáis?

Perpetrado por EC-JPR

mayo 22nd, 2010 a las 12:00 pm

Categoría: Autobombo