Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

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Érase una vez… el banco que perdía dinero

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Escaneo de la carta originalAlgunos quizás sepáis que Caja Navarra mantiene lo que ellos denominan “Banca cívica”, un programa mediante el cual puedes destinar a los fines que tú decidas una parte de los beneficios que ellos obtienen contigo. Qué buen rollo, ¿que no? Como parte de ese civismo bancario, te envían a casa una vez al año una carta explicando cuánto dejaste en sus arcas y qué han hecho con (parte de) ello. Lo gracioso viene cuando abres el sobre y lees:

Pérdidas de Caja Navarra con usted en 2009: -121,63 euros

Así, sin anestesia ni nada, «caballero, usted es un cáncer para nuestra empresa, y por su culpa vamos a tener que despedir a tres consejeros y dejar de pagar las dietas a otros cinco». Es verdad: no voy sobrado de dinero, ¿debería sentirme culpable por ello? Porque, a pesar de eso,

  • Uso mis tarjetas (la Mastercard y la Visa) varias veces al mes, no sea que me cobren la cuota (así le pasan la factura al comerciante en forma de comisión por cada transacción, pero yo no me entero).
  • Cuando hago una transferencia internacional me pongo las manos en los huevos, cual futbolista en la barrera, no sea que les entren ganas de cobrarse uno de ellos. Comparado con eso, la comisión por transferencias entre entidades nacionales es calderilla.
  • ¡Ah, claro! Y el mantenimiento de cuenta. Que digo yo que tendrán a alguien quitándole el polvo a mis euros una vez por semana, porque si no, no entiendo qué significa.
  • Por no hablar de minucias, como las recargas de móvil que hago a través de su web… y con cada una de las cuales mato un gatito y ellos pierden medio euro (o algo).

Y después de todo esto, aún tienen los santos cojones de decirme que les he hecho perder veinte mil pesetas. Ya entiendo: será por el personal de las sucursales físicas que no piso (y que, cuando lo hago, es para esperar casi media hora). O serán los tres céntimos de interés generados en la cuenta el año pasado.

En fin; como sabéis, no soy economista ni nada por el estilo. Quizás entonces sabría un montón de palabras en inglés que explicasen por qué han perdido dinero conmigo. Pero, en mi ignorancia, lo único que sé es que he sentido cómo se reían de mí por correo ordinario.

Perpetrado por EC-JPR

junio 23rd, 2010 a las 10:30 am

Categoría: Opinión

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Medicinas alternativas y obtención de beneficios: otra diferencia

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Uno de los argumentos que emplean los defensores de las medicinas alternativas (las que sean: homeopatía, naturopatía, herbolarios, whatever) es que las empresas farmacéuticas son unas hijas de la gran meretriz, por lo del beneficio económico y tal. Sin embargo, los árboles no les dejan ver el bosque, y es que los “tratamientos alternativos” suponen un mamoneo económico que ya lo quisieran las farmacéuticas normales.

No me refiero a que los productos alternativos no tengan que amortizar unos costes de investigación y desarrollo. Tampoco a que se ahorren los costes de la materia prima (¡poco gastan en reactivos químicos!). No: voy a algo más grave. ¿Qué pensaríais si el médico que os diagnostica una enfermedad os vende él mismo un medicamento que ha preparado en su empresa? ¿No sería eso como dar al zorro las llaves del corral: te diagnostico lo que quiero para que me pagues mi medicina?

Para evitar esto, la legislación separa claramente la prescripción de la dispensación, la indicación de la ganancia económica. Así pues, un médico ni siquiera puede regentar una farmacia o similares: esto se establece, en su espíritu, desde la Ley General de Sanidad de 1985 (artículo 103). Más tarde se legisló específicamente en la Ley del Medicamento (25/1990) y, al ser derogada ésta, se recogió en el artículo tercero de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios (29/2006), que dice, entre otras cosas:

Artículo 3. Garantías de independencia.

1. Sin perjuicio de las incompatibilidades establecidas para el ejercicio de actividades públicas, el ejercicio clínico de la medicina, odontología y de la veterinaria serán incompatibles con cualquier clase de intereses económicos directos derivados de la fabricación, elaboración, distribución y comercialización de los medicamentos y productos sanitarios.

2. Asimismo el ejercicio profesional del farmacéutico en oficina de farmacia o en un servicio de farmacia hospitalaria y demás estructuras asistenciales será incompatible con cualquier clase de intereses económicos directos de los laboratorios farmacéuticos.

3. El ejercicio clínico de la medicina, odontología y de la veterinaria serán incompatibles con el desempeño de actividad profesional o con la titularidad de oficina de farmacia.

Y, sin embargo, los curanderos alternativos que he podido conocer se pasan esto por el forro: ellos te diagnostican, te preparan su pócima de Panorámix y te la venden a precio de orillo. ¡Coño, si alguno hasta tiene su propia empresa!

Lo dicho: desconfiamos de las farmacéuticas porque son unos monstruos desalmados, y nos entregamos en brazos del negociante alternativo que nos diagnostica, trata y cobra sin salir de su consulta. Si esto fuese política, Montesquieu se llevaría las manos a la cabeza…

Perpetrado por EC-JPR

septiembre 3rd, 2009 a las 1:09 am