Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Exámenes e hipocresía

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Os prometo que dentro de unas horas tendréis una entrada de las de verdad, tochazo con su bibliografía y toda la pesca. Pero el blog es mío, y me lo follo cuando quiero, así que voy a desfogarme once again. ¿Motivo esta vez? El cambio en el MIR del año 2011. Pero no para lloriquear, sino para ciscarme en todos aquellos hipócritas que emplean la ley del embudo con más soltura que un tabernero envasando garrafón. Así que advierto: modo barra de bar y exabruptos ahead.

Os pongo en contexto: hace unos años en el MIR había 8.000 candidatos para 6.000 plazas, así que el que no elegía era porque no quería. Y obviamente, como yo no he estudiado seis años para hacer Familia, había plazas que quedaban vacías. Pero, oh problema: de un tiempo a esta parte aumenta el número de extranjeros (sudacas, para adoptar la terminología habitual) que se presentan, llegando a igualar al de nacionales en la última convocatoria. Y claro, eso supone que haya más gente compitiendo por las mismas plazas. Os podéis imaginar que se lió la de dios es cristo. Que a ver qué se creen estos, que vienen a quitarnos nuestro trabajo y follarse a nuestras mujeres.

Y yo me pregunto: ¿qué puto problema tienen mis compañeros en competir en igualdad de condiciones con otras personas? Parece como si les diera miedo que viniera alguien con más conocimiento a quitarle su plaza, o que tuvieran que esforzarse más para conseguir el puesto que quieren… oh, wait!

Los argumentos aquí eran de lo más peregrino:

  • «¡Es que van a faltar puestos de trabajo!» Vamos a ver, alma de cántaro, ¡si la Universidad española no egresa médicos suficientes para cubrir la oferta de plazas en el MIR! Digo yo que, o dejamos que entre gente de fuera, o los centros de salud se quedan vacíos (de médicos, porque de pacientes van sobraos). Sí, la solución sería abrir más universidades públicas, pero de momento necesitamos importar profesionales.
  • «¡Es que entonces, dejamos a sus países sin médicos!» Ya. Si no fuese porque les sobran (¡mira, como en España hace veintipico años!). Su exceso de oferta satisface nuestra demanda.
  • «¡Es que en cuanto acaban su formación se vuelven a su país!» Claro, como hacen todos los inmigrantes que vienen a España, que les falta tiempo para cogerse un vuelo de vuelta a Quito. Me dices que viene un médico, se está cuatro, cinco años aquí, consigue trabajo y cuando se establece va a volverse a ejercer a un país sin medios y con peor calidad de vida. ¿Qué son ellos, más tontos que tú? Datos quiero ver, pero a otro perro con ese hueso.
  • «¡Es que en otros países no les ponen tantas facilidades! Mira los Estados Unidos, que si quieres trabajar allí tienes que hacer el yuesemelí.» Joder, encima ignorante. Anda, mira en la Wikipedia a ver si somos sólo los extranjeros los que tenemos que pasar los Steps.
  • «¡Es que nos quitan las plazas!» Vale, por lo menos tú eres sincero. Mira, la solución es sencilla: estudia más, y bárrelos en el examen.
  • «¡Pero vienen con las notas hinchadas, y eso es injusto!» De puta madre. No tengamos en cuenta el expediente y evaluemos sólo el examen. Que sí, el MIR no es ninguna joya, pero por lo menos es objetivo: una misma prueba para todos. Aquí, o follamos todos, o la puta al río.

Tengo asumido que soy un iluso pero, ¿tan difícil es para mis compañeros asumir que no son más que nadie por tener pasaporte español? ¿Dónde están esos rojillos de medio pelo, adalides de la libertad, la igualdad y la fraternidad, que cambian la chaqueta cuando el viento sopla del sur? Afortunadamente, el Ministerio de Sanidad se ha hecho eco de las quejas, y ha propuesto una solución salomónica, que ha contentado por una parte y levantado ampollas por otra. Y la reacción global me ha irritado el contenido escrotal. En el “nuevo” MIR:

  • Se restringen las plazas para inmigrantes a un cupo del 10% (que ya existía antes, pero podía ser oportunamente sorteado con un visado de estudiante). Sin embargo, así nos quedaremos con un agujero de vacantes no cubiertas: ¿qué hacemos? ¡Pues ofrecer una segunda ronda! Primero elegimos todos los nacionales y seiscientos sudacas, y luego, con lo que nadie quiera, hacemos una segunda vuelta. Eh, ¡la solución es cojonuda! Los españolitos de pro tienen la plaza de sus sueños, y disminuimos las plazas sin cubrir.
  • Se reduce la importancia del expediente en la media final: de un 25 a un 10%. Y aquí todos se echan las manos a la cabeza: ¡anatema! Ahora se escandalizan de que su expediente cuente menos esos mismos que se quejaban de que las notas extranjeras venían hinchadas. Hinchadas, mis pelotas, con tanta hipocresía y doble moral. ¿No te parecía mal que ellos viniesen con notas cargadas? Entonces, ¿qué problema tienes en que se desprecie el expediente? ¿No será que en tu Universidad sois todos más listos que el resto y tenéis unas notas redondeadas de cojones?

Si habéis llegado leyendo hasta aquí, muchas gracias: tenía ganas de desfogarme, y vive Dios que lo he hecho. Aún a sabiendas de que esta entrada provocará urticaria a algunos que la lean. Pero lo siento: no puedo dejar de ver las cosas como son, aunque eso suponga no cercarme mi parcelita profesional.

Perpetrado por EC-JPR

agosto 12th, 2010 a las 4:42 am

Categoría: Opinión

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