Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Me hierve la sangre (actualizando y ampliando)

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Vale: me la metieron por toda la escuadra y hasta el fondo. Vengo a contaros cómo terminó la historia de las ECM. Y es que, para mi alegría y en contra de lo que yo esperaba, la profesora sí sabía qué significaban las siglas de marras. Ya os imaginaréis entonces qué es lo que realmente perseguía el docente. Pasamos de la ira, al desaliento. De la ira por un profesor incompetente… al desaliento por la desidia de los estudiantes.

Os recomiendo que leáis este post de Warthog. Expresa perfectamente lo que pensé cuando mi hermano me contó lo que sucedió en clase. Imaginaos la situación, con la profesora corrigiendo el ejercicio, y los alumnos explicando con aplomo qué era una entidad centriolar y cuándo se podían sufrir. A nadie (excepto a mi hermano… modestia aparte) le chirrió el tema. Nadie pidió ayuda a sus padres (muchos de los cuales son médicos). Ninguno miró en internet, ni siquiera en la Wikipedia. ¿Para qué? El profesor ha dicho que esto es blanco, ergo esto es blanco. Y punto pelota.

¿Sentido crítico? ¿Capacidad de discernimiento? ¿¿Razón?? Eso son cosas que se quedaron en el pasado, hombre. Como el trabajo, mérito y esfuerzo (y mira que me jode citar al gallego). Mira que este blog lleva poco tiempo andando, y ya hasta me puedo citar en este tema. Los estudiantes ya no se esfuerzan por sacar mejores notas: lo hacen por ser el que menos asignaturas penque. Y si me voy con cinco a septiembre, mis padres me compran una moto, y los profesores me aprueban (o el Gobierno me pasa de curso). Para que no me frustre. Angelico. Las chicas compiten a ver cuál es más zorra, y los chicos a ver cuál se fuma el porro más gordo. Y no, no está otra vez el abuelo cebolleta con las historias de la guerra. Estoy lo suficientemente cerca de esa generación como para tener la certeza de que esto que digo, como lo que dice Warthog, es la pura y descorazonadora verdad.

Pero el problema no es que en el colegio no rindan, que ya de por sí es un problema. Podríamos achacárselo, no sé… a la LOGSE, al “sistema” o “la sociedad” (a qué coño se referirá la gente cuando habla “del sistema”, ¡como si ellos no formasen parte activa del mismo!). Pero eso sería una preocupación menor si esa juventud tuviese algo de coraje, de empuje.

Por poner un ejemplo tonto: que no les gustase estudiar, pero les apasionase la marquetería. Eso significaría que, aptos o no para el estudio, son capaces de moverse por sí mismos. Lo que caracteriza al ser humano es su capacidad de tomar decisiones sobre su propia vida distintas a los impulsos. Un animal come o se aparea porque sus hormonas se lo indican; ningún animal hace algo “porque sí”. Sin embargo, las acciones humanas (que no las del hombre) no responden a una necesidad biológica. De hecho, eso es lo que las caracteriza: una actividad humana es tanto más humana y menos animal, cuanto menos “biológica” o “útil” es (¿acaso la música nos da de comer? ¿acaso la pintura nos protege del enemigo?).

Divago. Volvamos al tema: la dejadez de la juventud. Es desalentador ver cómo a la inmensísima mayoría lo único que le preocupa es el ciegazo que se va a pillar este finde, o con quién se acuesta nosequién de Gran Hermano. No tienen inquietudes, no tienen curiosidad, que es condición sine qua non para el progreso. Y no me estoy refierendo a que se hayan leído la Odisea o les guste Mozart: me refiero a que ninguno es un enfermo de la informática que tenga en casa chococientos manuales de php, a ninguno le pierde la mecánica y te diagnostica una avería con oír el motor, ninguno es capaz de darte una lección sobre música más allá de lo que suena en Cadena 40 Principales. No tienen hobbies, no tienen aficiones, nada les apasiona, todo les da igual.

Lo he visto al recibir clase, lo he visto al darla, y lo veo al trabajar. La actitud de esos estudiantes/currantes se resume en un “dime lo que tengo que hacer, y no me marees”. La inmensa mayoría son incapaces de responder a dos preguntas tan elementales como “¿por qué?” y “¿para qué?”. Ellos sólo saben que tienen que hacer algo, pero no saben cuál es su finalidad. Son incapaces de cuestionar ningún acto, lo cual es la autovía al estancamiento cultural y el dogmatismo. Vale, ahí me he pasado. Seré más práctico: esa actitud es la de la masa ovina camino del redil, dirigible por cualquiera que se ofrezca a indicarles la ruta.

Esa es, ni más ni menos, la juventud que estamos haciendo. De lo que no nos enteramos, o parece que nos da igual, es que pasado mañana nosotros dependeremos de esa juventud. Así que, aunque sea, por egoísmo.

Perpetrado por EC-JPR

marzo 8th, 2008 a las 3:28 am

Categoría: Educación, Opinión