Per Ardua ad Astra

Tanto gilipollas y tan pocas balas

Me voy de vareta: ¿cómo se trata la diarrea?

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Porcelanoso objeto de deseoA todos nos ha pasado alguna vez tener un poco de… premura intestinal. Son esos momentos en los que sientes “algo” en tu interior que te empuja a encontrar un retrete lo antes posible, como bien sabe Fat Bastard. Vamos: que tienes diarrea. Y te preguntas: ¿hay algo que pueda hacer para evitar esto? Pues… no. Con contadas excepciones que ahora veremos, la mayoría de las diarreas son autolimitadas: se van como vinieron. Empezamos con diarrea (y posiblemente algún vómito) en unas horas, y nos recuperaremos en un par de días. Esto es como la gripe: de hecho, en la mayoría de los casos, la diarrea también está causada por un virus (norovirus o rotavirus).

¿Tengo que ir al médico?

Lo primero: síntomas de alarma, “banderas rojas” que no podemos pasar por alto. Si en las heces hay sangre, moco, tienes fiebre o calambres intestinales, ve al médico. Probablemente hayas tenido la mala suerte de infectarte con algún pequeño cabrón, un E. coli productor de toxina Shiga o algún bicho similar, así que convendría que un tipo con bata te echase un vistazo. Y ni se te ocurra tomar Fortasec o algo para cortar la diarrea, por tu bien: lo que necesitas es cagar (perdón) todos los bichos, no quedártelos dentro.
Para los matasanos que lean esto: la diarrea bacteriana se trata con cipro o levo… que pueden aumentar la producción de toxina Shiga y ésta follarse al riñón, especialmente en niños. Para tenerlo en mente.

Conclusión: la diarrea acuosa no es “mala”, aunque a veces parezca que estamos meando por el culo (qué bonito). Unas deposiciones líquidas, sin esos síntomas que mencionaba antes, y que dura menos de una semana, no requiere tratamiento más allá de la reposición de agua e iones. Eso sí: si estamos hablando de un anciano, un niño pequeño o alguien con problemas de riñón, eso del “agua y los iones” es una tontería… que puede mandarle a la UCI, así que aquí también conviene consultar a un médico. Pero creo que ninguno de los parroquianos entráis en esas categorías, así que sigamos.

Entonces, ¿qué hago?

Cualquiera de nosotros, persona joven y más o menos sana, que empieza a irse por la pata abajo: ¿debería tratarse la diarrea? No: a enemigo que huye, papel higiénico. No hay nada que vaya a acortarla (más bien lo contrario), así que sólo deberías tomar algo si no te puedes permitir bajo ningún concepto estar entrando y saliendo del baño (por ejemplo, si tienes que cruzar la jungla en autobús). En ese caso, podrías tomar algo con loperamida, pero prestando mucha atención a las indicaciones del prospecto.

¿Y qué hay de la alimentación? En principio no hay pruebas de que ninguna dieta acelere la recuperación. No obstante, se recomienda comer cosas fáciles de digerir, como la llamada dieta BRAT: plátano, arroz, compota de manzana y pan tostado. Asimismo os comento que los mecanismos de absorción intestinales siguen funcionando perfectamente, por lo que no tiene sentido ayunar; de hecho, en niños pequeños se recomienda mantener la alimentación oral normal. No obstante, debemos evitar la lactosa (el azúcar de la leche): la raza caucásica somos una excepción en los mamíferos, pues tenemos la suerte de poder digerir la lactosa más allá del amamantamiento; sin embargo, en el curso de una diarrea perdemos esta cualidad, siendo intolerantes a la lactosa temporalmente (durante una semana larga), y tomar alimentos que la contengan agravaría la diarrea. Ahora bien: podemos comer tranquilamente aquellos productos con leche fermentada, como los yogures (Hacendado o Eroski sirven, no hace falta comprar los de José Coronado).

Otra cosa que debemos tener en cuenta, mucho más importante que lo de la lactosa, es que tenemos que hidratarnos. Como estamos perdiendo agua y sales, el agua del grifo no es suficiente: podemos tomarnos alguna bebida isotónica o, más barato, un litro de agua al que echaremos una cucharilla rasa de bicarbonato sódico, otro tanto de sal de mesa, y cuatro cucharillas colmadas de azúcar (que no es para mejorar el sabor sino para facilitar la absorción del sodio). EDIT: Este detalle es importante, porque si usamos edulcorantes artificiales no sólo no conseguiremos este objetivo, sino que podremos agravar la diarrea por un mecanismo osmótico, como bien recuerdan en los comentarios.

Con estos cuatro consejos ya sabemos qué hacer la próxima vez que tengamos que correr a sentarnos en el trono. Pero como no puedo escribir una entrada sin soltar alguna frikada (¿más?), vamos con un par de casos particulares de diarrea.

Casos especiales: antibióticos y viajeros.

Es posible que alguno de vosotros hayáis empezado con diarrea después de seguir un tratamiento antibiótico que os pusieron por otro motivo. No es algo raro: tened en cuenta que ese antibiótico no sólo se ha cargado el bicho que os estaba fastidiando la garganta, el pulmón o la rodilla, sino también todas las bacterias del intestino. Ha cambiado la flora habitual, y probablemente la ha venido a reemplazar un Clostridium difficile, dando lo que se conoce como colitis pseudomembranosa. Comentádselo al médico, que os hará esperar unos días a ver si se resuelve solo o, si no, os dará otro antibiótico para limpiarlo (esta vez, del todo).

Y, por otro lado, se estima que un tercio de las personas que viajan a países en vías de desarrollo sufren diarrea los primeros días. Esto no es porque la comida lleve más curry o sea más picante, sino por unas condiciones higiénicas deficitarias (y porque no pedisteis el agua embotellada, que os lo tengo dicho). En este caso se puede hacer un tratamiento antibiótico empírico, pero generalmente es diarrea del tipo “bueno”, el que no hay que tratar.

Y ahora, con vuestro permiso, me tengo que ir al baño. Si en algo me he explicado mal, tiradme de las orejas en los comentarios y prometo intentar enmendarlo.

Bibliografía:
DuPont HL. Clinical practice. Bacterial diarrhea. N Engl J Med. 2009 Oct 15;361(16):1560-9.
Glass RI, Parashar UD, Estes MK. Norovirus gastroenteritis. N Engl J Med. 2009 Oct 29;361(18):1776-85.
Ahlquist DA, Camilleri M. Diarrhea and constipation. En: Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editors. Harrison’s Principles of Internal Medicine. 16ª ed. McGraw Hill, 2005. p.224-227
Butterton JR, Calderwood SB. Acute infectious diarrheal diseases and bacterial food poisoning. En: Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editors. Harrison’s Principles of Internal Medicine. 16ª ed. McGraw Hill, 2005. p.754-759

Perpetrado por EC-JPR

diciembre 16th, 2009 a las 12:19 am

Categoría: Medicina

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