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Medicina de Atención Primaria
Habló Ricardo en su blog sobre la mierda que arrojan sus profesores sobre los médicos de Atención Primaria (MAP’s), los que todo el mundo conoce como médicos de familia o de cabecera. Médicos que, hasta hace un tiempo, eran médicos «rasos» (Licenciados en Medicina y Cirugía), pero que desde hace cuatro años necesitan tener la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria.
La verdad es que el concepto de «médico de familia» ha cambiado mucho con la historia. Lejos quedan los tiempos del médico de pueblo, un hombre sesudo y discreto que, con su maletín en la mano, acudía a las casas donde se requería su ciencia. No menos cierto es que la medicina también ha avanzado mucho en estos últimos años: se han descubierto numerosas patologías, y se ha ampliado enormemente el conocimiento sobre las que ya existían.
Así pues, el médico de familia ya no es el semidiós omnisciente que era antes. Entre otras cosas, porque es materialmente imposible que una única persona retenga en su cabeza todo el conocimiento de la Medicina. En el sistema sanitario actual, las especialidades tienen cada vez más peso; cada vez hemos de recurrir más a médicos focalizados en una única área (hematólogos, nefrólogos…).
Este hecho, unido a la consolidación de los sistemas sanitarios socialistas, llevó a que en 1978, en la conferencia de la OMS de Alma Ata, se fijara al médico de familia como puerta de entrada al sistema sanitario. El médico de familia es pues el primer contacto del paciente cuando su salud flaquea. Este médico está formado para ser capaz de diagnosticar y tratar las enfermedades más comunes, derivando al especialista aquellos enfermos cuya patología, por su complejidad o rareza, excede sus competencias. Esto me parece un acierto: nadie mejor que un médico generalista (o, si acaso, un internista) para saber quién necesita qué especialista. ¿Os imagináis qué caos resultaría si cada uno de nosotros fuese al médico que le apeteciese? Yendo al traumatólogo porque me duelen las articulaciones (en vez de ir al reumatólogo), o visitando al neumólogo cuando me falta el aire (cuando debiera acudir al cardiólogo).
Pero esta entrada no es para cantar las bondades de los médicos de familia. Volvamos al principio del tema: esos profesores despotricando contra las chapuzas de los MAP’s. Y tengo que decir… que les reconozco su parte de razón. Que el MAP sea la puerta de entrada al sistema sanitario, y que éste dependa de ellos, no quita para que en muchos casos, más de los deseados, el MAP sea un garrulo que ha aprendido la medicina mediante ensayo y error.
No sé qué estará primero, si la causa o el efecto, pero el hecho es que Familia es de las especialidades MIR tradicionalmente más denostadas. Quizás porque se trata de un trabajo duro, en unas condiciones precarias y sometido a presión: seis minutos, ¡dinggg! ¡Que entre el siguiente! Es posible. Quizás porque los estudiantes piensan que no han estudiado seis años (más cuatro de especialidad) para recetar jarabes para la tos y pastillas para la tensión. También. En cualquier caso, el hecho es que los mejores alumnos casi nunca eligen medicina de familia. Ni los buenos, ni los menos buenos; Familia se empieza a elegir a partir de los normalitos. Y, con mal barro, no hay quien haga buenos jarros.
Nos encontramos entonces con que el grueso de la atención a los pacientes la llevan a cabo unos médicos con una formación y unas aptitudes no demasiado brillantes; por eso, muchas veces ves tratamientos «empíricos» (esto debería funcionar…) o, peor, tratamientos NVAS (tómese el antibiótico, NoVayaASer…). Por no hablar de los facultativos en cuyos diagnósticos aparecen las dos palabras más peligrosas en Medicina: “es normal”. Y luego te intervienen de urgencia una apendicitis.
Ojo, no digo que todos los médicos de cabecera sean unos chapuceros. En absoluto. Hay profesionales con un gran conocimiento de su trabajo, de los que tendrían que aprender muchos especialistas de medio pelo recién salidos del horno. Ni tampoco digo que esta clase de pifias sean exclusivas de los MAP; de hecho, creo que cualquier especialista las comete en cuanto mea fuera del tiesto y se mete en cosas que no son de su campo. El problema viene porque el MAP es aprendiz de muchas cosas y maestro de ninguna; tiene que saber de cardiología sin ser cardiólogo, de oftalmología sin ser oftalmólogo. Y así, hasta el infinito: cotidianamente ve patologías sobre las que, en bastantes casos, tiene un conocimiento superficial.
Entonces, si el MAP «no sabe de nada», ¿dónde está pues su excelencia? En la práctica. A mi modo de ver, la esencia del MAP es que sea capaz de diagnosticar y tratar las enfermedades más comunes con rapidez y eficiencia. En que no necesite largas (y caras) pruebas complementarias para saber que una patología es esa, y no otra distinta. Y, cuando no pueda o sepa, derivar al especialista.
El problema surge cuando no es capaz de reconocer sus limitaciones. Cuando, aunque no le cuadre, piensa «y esto… nah, esto no tiene importancia». Entre otras cosas, porque detrás del «esto no tiene importancia» a menudo se camufla el «en realidad no sé qué es ni por qué ocurre». Y ahí es donde la hemos cagado.
Y repito, para que nadie se piense que voy en contra de los médicos de familia: todo el mundo tiende a cometer errores siempre que se sale de lo que conoce. Sin embargo, por la idiosincrasia del MAP y su trabajo, se encuentran jugando en terreno ajeno demasiado a menudo. Pero el que la Medicina no sea una ciencia exacta, que tenga su componente «artístico», no justifica que podamos hacer chapuzas.
Entonces, qué pasa, ¿acaso no existen los errores? Por supuesto que sí. Pero, para poder decir que algo es un error, antes hay que asegurarse de que el médico ha actuado correctamente, aplicando los medios y el conocimiento oportuno (lo cual incluye, en muchos casos, pedir ayuda a otros compañeros más expertos). Si leísteis el artículo aquel del NEJM que linqué, es un perfecto ejemplo de lo que quiero decir: no había forma de anticipar que el chaval que entró a urgencias con un dolor de cabeza realmente tenía una hemorragia cerebral: una simple cefalea no justifica chutarle toda la radiación que supone hacer un escáner. Sin embargo, hay otros muchos casos en los cuales el médico sí se tenía que haber mosqueado, y haberse preguntado qué estaba pasando. Y, si no lo hizo y luego algo salió mal, no fue por un error médico, algo fortuito e imprevisible, sino por una mala praxis del galeno.
Mira: al final, yéndome por las ramas, han salido dos temas por el precio de uno. Estamos que lo regalamos, señores.
Para terminar, como bonus track, os cuento una historieta que ilustra esto. Un chaval de 22 años va conduciendo su moto por la carretera y, a la salida de una curva, choca contra un coche conducido por una madre en el octavo mes de gestación. Se avisa a los servicios de urgencia que, cuando llegan, ven a la mujer visiblemente agitada, con magulladuras y arañazos, aunque orientada y hemodinámicamente estable. Por otra parte, el chaval, cuyo casco se ha roto por el impacto, está inconsciente (con un Glasgow de 8), así que se se decide evacuarlo en primer lugar.
Cuando llega al Servicio de Urgencias, su estado se ha deteriorado: la presión arterial está bajando, la frecuencia cardíaca aumenta, y requiere ventilación mecánica. Se le hace un escáner cerebral de urgencia, donde se evidencia un hematoma subdural, así que se decide intervenir para hacer una cirugía descompresiva. O sea: había una bolsa de sangre en el cráneo que le estaba comprimiendo el cerebro, y había que abrirlo para drenarla. Durante la cirugía, el estado del chaval se deteriora rápidamente: se taquicardiza, se hipotensa, no responde a la reposición de volumen, entra en parada y muere.
¿Sabéis cuál fue el resultado de la autopsia? Hemorragia interna por rotura de bazo. ¿Sabéis cómo se podría haber evitado? Con un simple escáner abdominal. ¿Había razones para pensar que pudiera tener algo así? Por supuesto: recordemos que a la entrada en Urgencias, sus constantes nos estaban dando señales de alerta. Nah, esto es normal. Además de que, en todo politraumatizado, una de las cosas a buscar son hemorragias internas. Este ejemplo no es un «error». Este ejemplo es una mala praxis como una casa.
Con flores a María
«Y para el que no crea esto, que Dios lo… tenga en su cuenta»
Resulta que a este sujeto, primo de Pepe Isbert en «Bienvenido Míster Marshall», y a su grupo político (a ver si adivináis cuál es), no se les ha ocurrido mejor idea que nombrar como alcaldesa honoraria a María Auxiliadora. Con dos cojones. Que, como lo hicieron el 24 de mayo, digo yo que sería para celebrar el mes de María… Sólo que, en vez de limitarse a ir a misa con sus señoras, como todo español y católico de bien, el alcalde y sus ediles hicieron un pleno para votar el nombramiento, y una procesión para entregarle el bastón de mando a su nueva dueña.
Ahora llega el turno de réplica. Diréis que no es para tanto, que sólo es un cargo simbólico. Perfecto: eso convierte una gilipollez en un símbolo de la gilipollez. También podríais decir que algo parecido se ha hecho con bandas de rock o similares (en este país de pandereta, imagino que algún caso habrá). Vale: ¿y? Aparte de ser el mismo tipo de mamarrachada que aquella alcaldesa que quería que Fernando Alonso inaugurase su polideportivo, la ocurrencia del moronense cuenta con un plus añadido, y es que ha nombrado alcaldesa a un ser mitológico, cuyas virtudes se decidieron por votación.
No me malinterpretéis. En este reino de taifas afortunadamente existe libertad religiosa. Eso significa que cada uno puede adorar a quien le salga del ciruelo (yo estoy por ordenarme pastafari, fíjense ustedes) y compartir su regocijo con sus convecinos en actos varios como comuniones y procesiones. Pero de ahí a celebrar un pleno para nombrar alcalde al protagonista de una novela… Pues hombre, es como si el CNI nombra presidente honorífico a Sherlock Holmes. De mofa, ¿que no?
Ahora tocaría también hablar de esos ediles del PSOE que no se presentaron al pleno (con un par de talantes, sí señor), o de todo ese séquito del IMSERSO que corea la gracieta del alcalde. También de su falta de respeto hacia los concejales de IU cuando abandonan la sala (¿qué es ese gesto que hace con los dedos? ¿pretende silbarles?). Pero me alargaría indebidamente. Más que nada, porque cuatro horas después de Rinzewind, el Teleoperador también ha escrito a este respecto, con el estilo que acostumbra. Con humor socarrón lo ha glosado Javier Armentia. Leed ambas entradas, que no tienen desperdicio.
Y es que cuándo le quitarán la coletilla a aquel artículo 16 o cambiarán esa dichosa ley de 1980 para que decir alto y claro, de una vez por todas, que religión y estado son dos cosas distintas. Por Ford, qué ganas de nacionalizarme francés.
ACTUALIZACIÓN 23:05
En los comentarios del blog de Javier Armentia linkan a un vídeo del eximio alcalde. Es el momento en el que decide tomar la alternativa, cogiendo el capote y dejando la muleta (porque estaba cojo). Viendo el vídeo, no me cabe duda: el nombramiento a la Virgen es para agradecerle haberle sacado ileso del revolcón que le pega el morlaco.
Ya, pero… es lo que yo opino
¿Quién sería el idiota que propaló la máxima de que todas las opiniones son respetables? Eso es falso. Son respetables siempre las personas, pero sus ideas pueden ser criticadas, rebatidas e incluso refutadas. Es más, en una sociedad moderna e ilustrada, criticar las opiniones de los demás es un sacramento fundamental sin el cual la cultura se estanca y la convivencia degenera por acabar siendo zarandeada por los prejuicios dominantes.
Carlos en «Ya, pero yo opino…»
Besando el culo de Hank
Esta mañana han llegado a mi puerta una pareja bien vestida y bien peinada. El hombre habló primero:
Juan: Hola, yo soy Juan y esta es María.
María: Hola, estamos aquí para invitarte a besarle el culo a Hank con nosotros.
Yo: ¿Cómo? ¿De qué estás hablando? ¿Quién es Hank? ¿Y por qué tendría que querer besar su culo?
Juan: Si tú besas el culo de Hank, te da un millón de dolares; y si no lo haces, te cubre de mierda.
Yo: ¿Cómo? ¿Es que es alguna clase de extraño pervertido?
Juan: Hank es un multimillionario filántropo. Hank construyó este pueblo. Hank posee este pueblo. El puede hacer lo que quiera, y lo que quiere hacer es darte un millón de dolares, pero no puede si tú no besas su culo.
Yo: Eso no parece tener mucho sentido. ¿Por qué?…
María: ¿Quien eres tú para cuestionar los deseos de Hank? ¿Es que no quieres el millón de dolares? ¿Es demasiado un pequeño beso en el culo?
Yo: Bueno quizás, si es legítimo, pero…
Juan: Entonces vamos a besar el culo de Hank.
Yo: ¿Besáis el culo de Hank frecuentemente?
María: Oh, sí, continuamente.
Yo: ¿Y os ha dado el millón de dolares?
Juan: Bueno, aún no. No se puede recibir el dinero hasta que no te marchas del pueblo.
Yo: Entonces, ¿por qué no os marchais del pueblo y recibís el millón de dolares?
María: No puedes marcharte del pueblo hasta que Hank te lo diga, o de lo contrario no recibes el dinero y él te cubre de mierda.
Yo: ¿Conoceis a alguien que haya besado el culo de Hank, que se haya marchado y que después haya regresado con el dinero?
Juan: Mi madre le besó el culo a Hank durante años. Ella se marchó el año pasado, y estoy seguro de que tiene el dinero.
Yo: ¿Has hablado con ella desde entonces?
Juan: Por supuesto que no, Hank no lo permite.
Yo: Entonces, ¿cómo sabes que tiene el dinero si no has hablado con nadie que lo haya recibido?
María: Bueno, antes de que abandones quiero darte una pequeña muestra. Tal vez tengas un accidente, tal vez ganes un pequeño premio en la lotería, tal vez encuentres un billete de veinte dólares en la calle.
Yo: ¿Y qué tiene eso que ver con Hank?
Juan: Hank tiene ciertas «conexiones».
Yo: Lo siento, pero esto suena como si fuera un extraño videojuego.
Juan: Pero es un millón de dólares, ¿realmente puedes arriesgarte? Y recuerda, si no le besas el culo, te cubre de mierda.
Yo: Tal vez si pudiera verle, hablar con él, tener detalles sobre él…
María: Nadie ve a Hank, nadie habla con él.
Yo: Entonces, ¿cómo le besáis el culo?
Juan: En ocasiones únicamente le mandamos un beso y pensamos en su culo. Otras veces besamos el culo de Carl y él se lo transmite.
Yo: ¿Quién es Carl?
María: Un amigo nuestro. Él es quien nos ha hablado sobre besar el culo de Hank. Todo lo que tenemos que hacer es invitarlo a comer de vez en cuando.
Yo: ¿Y vosotros habéis creído sus palabras cuando ha dicho que existe un Hank, que Hank quiere que le beses el culo y que te recompensará?
Juan: ¡Oh, no! Karl tiene una carta de Hank de hace mucho tiempo donde lo explica todo. Aquí tienes una copia para ti, míralo por ti mismo:
Del escritorio de Karl
- Besa el culo de Hank y el te dará un millón de dolares cuando te marches del pueblo.
- Bebe con moderación.
- Cubre de mierda a aquellos que no sean como tú.
- Come bien.
- Hank dictó esta carta él mismo.
- La luna está hecha de queso verde.
- Todo lo que dice Hank es cierto.
- Lávate las manos despúes de ir al baño.
- Evita el alcohol.
- Come tus salchichas en bollos, sin condimentos.
Yo: Esto está escrito en papel con el membrete de Karl.
María: Hank no tiene papel.
Yo: Tengo la impresión que si lo comparamos encontraremos que esta es la letra de Carl.
Juan: Por supuesto, pero Hank lo dictó.
Yo: Pensaba que decíais que nadie puede ver a Hank.
María: No ahora, pero hace tiempo hubo algunas personas.
Yo: Pensaba que decíais que era un filántropo. ¿Que tipo de filántropo cubre de mierda a la gente solo porque sean diferentes?
María: Eso es lo que Hank quiere, y Hank siempre está en lo cierto.
Yo: ¿De dónde has sacado eso?
María: El punto 7 dice que: «Todo lo que dice Hank es cierto» ¡Ésto es suficiente para mi!
Yo: Quizás vuestro amigo Carl hizo las normas él mismo.
Juan: ¡Imposible! El punto 5 dice: «Hank dictó esta carta el mismo». Al mismo tiempo, el punto 2 dice «Usa el alcohol con moderación», el punto 4 dice «Come bien» y el punto 8 dice «Lávate las manos despúes de ir al baño». Todo el mundo sabe que esto es cierto, por lo tanto, todo lo demás debe ser cierto también.
Yo: Pero el punto 9 dice «No uses alcohol», lo cual entra en conflicto con el
punto 2, y el 6 dice «La luna está hecha de queso verde», lo cual no es cierto.
Juan: No existe contradicción entre los puntos 2 y 9, el segundo simplemente clarifica el primero. Y por lo que respecta al 6, tú nunca has estado en la Luna, por lo que no puedes hablar con seguridad.
Yo: Los científicos tienen claramente establecido que la Luna esta hecha de roca…
María: Pero ellos no saben si la roca viene de la Tierra, o del espacio exterior, por lo que puede ser fácilmente queso verde.
Yo: Realmente no soy un experto, pero pienso que la teoría de que la Luna fue «capturada» por la Tierra ha sido descartada. Por otra parte, no saber de dónde viene la roca no la convierte en queso.
Juan: ¡Ajá! Acabas de admitir que los científicos cometen errores ¡pero nosotros sabemos que lo que dice Hank es cierto!
Yo: ¿Lo sabemos?
María: Por supuesto, el punto 5 lo dice.
Yo: Estáis diciendo que Hank siempre está en lo cierto porque la lista lo dice, la lista es cierta por que Hank la ha dictado, y sabemos que Hank la ha dictado por que la lista lo dice. Esta lógica circular no se diferencia en nada de decir que Hank es verdad por que lo dice Hank.
Juan: ¡Ya lo está comprendiendo! Es reconfortante ver que alguien se está acercando a la forma de pensar de Hank.
Yo: Pero… oh, no te preocupes. ¿Cual es el trato con las salchichas?
(María se sonroja)
Juan: Las salchichas en bollos, sin condimentos. Esta es la forma de Hank. Cualquier otra forma es incorrecta.
Yo: ¿Qué ocurre si no tengo un bollo?
Juan: No hay bollo, no hay salchicha. Una salchicha sin bollo es incorrecto.
Yo: ¿Sin salsa? ¿Sin mostaza?
María (asombrada): Parece irremediablemente condenado.
Juan (gritando): ¡No hay ninguna ambigüedad en su lenguaje! ¡Cualquier tipo de condimentos están prohibidos!
Yo: Entonces, de una enorme pila de chucrut con algunas salchichas pinchadas en ella ni hablamos ¿no?
María (se pone los dedos en los oídos): No te estoy oyendo, nana nana nana.
Juan (con cara de aversión): ¡Eso es repelente! No sé qué clase de demonio comería eso…
Yo: ¡Hank! Él come eso todo el tiempo.
(María palidece)
Juan (cogiendo a María): Bueno, si yo hubiera sabido que eras uno de esos no habría perdido mi tiempo. Cuando Hank te cubra de mierda, yo estaré allí, contando mi dinero y burlándome. Yo besaré el culo de Hank por ti. Tú, comedor de salchichas sin bollo y devorador de chucrut.
(Al decir esto, Juan arrastró a María al coche que le esperaba y arrancó a toda velocidad.)
– El texto es cortesía de Círculo Escéptico.org
También el 13/05: El Camarada ha pensado que we’re worthy.
Una gran verdad
Termino de verlo, y se me hincha la vena. Me intento tranquilizar, «piensa que eso es en Estados Unidos, que allí son más soplapollas que aquí…». Lo peor es que he comprobado que hay mucha gente, aquí, que comparte el punto de vista de esos estudiantes. Bueno. Yo no sé hacer vídeos tan elegantes, pero sé aporrear las teclas del ordenador. Así que también voy a dar mi opinión.
Leo el 49% de las lecturas que me mandan / sólo el 26% son relevantes para mi vida -> Pobrecita. Si es que tiene toda la razón: ¿para qué quiero yo leerme un aburrido texto sobre el síndrome de Wegener, que es rarísimo y que además no me va a ayudar a rebajar la hipoteca del piso? Pues, sencillamente, porque la hipoteca del piso es un problema de la vida real: responsabilidad, «cosas de mayores», michica. Y en la Universidad no te ponen el baberico para recoger lo que se te cae: en la Universidad te enseñan tu profesión. A los ingenieros, a saber qué dijo Fourier. A los médicos, a saber qué es un IECA. Y, claro, obviamente eso no es «relevante para la vida». Nos ha jodido…
Compro libros de texto de cientos de dólares que nunca abro -> ¿Y tú no sabes que existen las bibliotecas? Si te lo quieres comprar (yo lo hago: soy un fetichista literario), antes le echas un vistazo, lo trasteas un poco para asegurarte. Claro, ahora entiendo por qué al pobre chaval no le llega para la hipoteca, ¡es que se lo pule todo en libros!
Mi vecino pagó la clase pero nunca viene -> ¿Y?
Leeré 8 libros este año … 1281 perfiles de Facebook -> Ehm… esto explica bastantes cosas…
Duermo 7 horas cada noche … Paso 1h30 viendo la tele … Paso 2h en mi móvil … Eso hace un total de 26,5h/día -> Sí, definitivamente tienen que ser de letras. Porque, si supiesen matemáticas, se darían cuenta de que en esa ecuación sobra la tele y bastante del móvil (¿2 horas? joder…). Y eso que estoy dando por supuesto de que las 3h30 en internet son por motivos consistentes, aunque a la vista de lo de Facebook, lo dudo bastante.
Soy multitarea… (tengo que serlo) -> Pobrecita chica, cuánto estrés le supone oír música mientras navega por internet… Y eso que no es varón, que nosotros sólo podemos atender a una cosa a la vez.
Deberé US$20,000 tras mi graduación -> Mira, en esta le doy la razón. Tengo amigos que han estudiado en universidades privadas, y… ¡auch!
Soy una de las «suertudas» -> Vale, aquí también le doy la razón. Y también en todos los datos de la gente que hay en el mundo que no tiene ni qué llevarse a la boca. Y entonces me pregunto: ¿de qué coño se quejan estos niñatos?
En resumidas cuentas, después de ver el vídeo me quedo con la sensación de que esos hijos del tío Sam tienen una imagen de sí mismos del tipo «ay, pobrecitos nosotros». Y alguien que, ¡como ellos mismos admiten!, tiene la suerte de estudiar en la Universidad (aunque se la sude y no vaya a clase), disponer de cultura gratis (¿biblioteca? ¡total, para ocho libros al año!), poder acceder a Internet (aunque prefiera ver en el Tuenti fotos de sus borracheras); que alguien con todas esas posibilidades se queje por poder hacerlo… me acaba de recordar esta frase.
Sedaciones, eutanasia y doble moral
Os voy a contar un par de historias. La primera es la de Mar, una niña de seis añitos. Es muy alegre, como la mayoría de los niños de esta edad, y le encanta peinarse trencitas en su melena rubia. Ahora sólo puede acariciar la de su Barbie: ella se quedó sin pelo al empezar con los ciclos de quimioterapia. Un osteosarcoma tiene la culpa.
Todo el mundo pensaba que la rodilla le dolía porque tenía «crecederas». O eso, o porque el entrenador de baloncesto era un poco exigente. Por eso el diagnóstico llegó en el estadio IV, cuando el tumor ya había metastatizado al pulmón derecho. La quimio no pudo sino retrasar ligeramente el peor de los resultados: el tumor ganó la batalla. Se cambiaron los citostáticos por analgésicos; el objetivo ya no era curar a Mar. Era evitar su dolor.
Un día, el residente de guardia estaba haciendo la ronda de noche cuando se dio cuenta de que el sondaje urinario de Mar no había recogido nada. Comprobó sueros, medicación, y fue a hablar con las enfermeras. Hacía varias horas que los riñones de Mar no producían orina. Eso, en este contexto, significa que por el riñón no fluye la suficiente sangre para producir orina. Por lo tanto, deducimos que los órganos tampoco están suficientemente irrigados: el fallo orgánico y la muerte son inminentes.
El residente explica la situación a la familia de la niña, y estos autorizan que se sede a la niña. Consulta los libros, y prescribe los fármacos indicados a las once de la noche: «Bueno, Mar, ahora te vamos a poner esto para que te duermas y puedas descansar bien, ¿vale?» El pitido del busca despierta al residente a las tres de la mañana: Mar ya duerme para siempre.
Esta era la primera historia. La segunda no acaba mejor, pero por lo menos es más corta. A diferencia de la anterior, esta historia habla de un familiar mío. Así que perdonad si soy parco en detalles, pero no quería meter el dedo en la llaga aún sangrante, preguntando cosas que, total, son secundarias.
Hablamos de Luisa. Ella tiene ochenta y dos años y los achaques de la edad: una diabetes por aquí, una artrosis por allá… Hace unos meses tuvo un leve infarto cerebral, un ACV. Estuvo unos días en el hospital y, cuando se repuso, pudo volver a su casa. En una semana volvió a tener otro ACV, mucho más extenso que el anterior. Ya no podía hablar, y a duras penas podía moverse en la cama. Durante el internamiento, un tercer ACV. Se intuía cómo iba a acabar la historia.
Su evolución se estancó: es lo que pasa con las neuronas, que cuando se mueren, no se recuperan. Así que decidieron trasladarla a una «Unidad de larga estancia», eufemismo que se da a las «Unidades de cuidados paliativos», que a su vez es un eufemismo de «Antesala de la muerte». Estaba claro que, en su situación, lo único que se podía hacer era esperar lo que habría de llegarle, más pronto que tarde.
La artrosis, unida a las complicaciones del encamamiento, le provocaba dolores. Al principio bastaba con Perfalgan (paracetamol). Después tuvieron que cambiar al Nolotil y, cuando este ya no podía nada, pasar a la Dolantina (un mórfico). Al final, el dolor y los gritos eran tales, que el médico pensó que sería conveniente sedarla; como comenté en su día, es nuestro deber aliviar el sufrimiento.
Así que le administraron a Luisa los fármacos oportunos para sumirla en un sueño profundo, un estado quiescente en el que los padecimientos no existen. Y su cuerpo resistió así ocho días. La mañana del noveno, falleció.
Después de todo esto, os preguntaréis qué os quiero decir. Pues, la verdad, no lo sé. Esta vez quiero compartir con vosotros una duda que me reconcome. Como ya sabéis, la sedación terminal es una práctica médica recogida en los códigos de ética. Por otra parte, creo que no hay nadie que vea con malos ojos la actuación médica en los dos casos anteriores (que, exceptuando algunos detalles, son casos reales).
Sin embargo, ¿podéis decirme alguno qué diferencia sólida hay entre estas dos sedaciones (como otras muchas) y la eutanasia? Y no me refiero a chorradas como «que al retirar los sedantes, la persona sí se despierta»: ya habéis visto que sé más o menos bien qué es la muerte. Lo que quiero decir es: ¿qué diferencia hay entre matar directamente a alguien y sedarlo, anulándolo como persona hasta que le llega la muerte? ¿Acaso ese sueño farmacológico no es un sólido anticipo de la muerte próxima e inevitable? O sea: ¿por qué nos parece bien que Mar o Luisa durmiesen profunda y permanentemente antes de morir, pero nos hubiera parecido rematadamente mal que el médico adelantase el desenlace?
Por eso el título de mi artículo. Vaya por delante que, personalmente, yo no quiero ser ningún mártir: no me gustaría morir retorciéndome entre los dolores de un cáncer de páncreas ni ver cómo me voy asfixiando poco a poco al ahogarme en el edema pulmonar de una insuficiencia cardíaca. Cuando llegue a cualquiera de esas situaciones (si no me he muerto antes en un accidente) agradeceré que una mano amiga me ayude a dar el último paso.
Dicho esto, volvamos al tema. Estamos hablando de enfermos terminales. Personas a las que les quedan horas, días de vida. Pero no de una vida plena que pueda ser disfrutada, sino de un dolor constante, que les impide ser conscientes de cualquier otra cosa que no sea el propio sufrimiento por el sufrimiento, carente de sentido. En esta situación, la Medicina emplea la sedación terminal: proporcionar una dosis de hipnóticos que dejen al paciente sumido en un profundo sueño. Un sueño del que sabemos que no se va a despertar, que acabará en su muerte. Pero nos parece reprobable practicar la eutanasia: matarle, en vez de sedarle. ¿Por qué? ¿Qué diferencia hay? A mí se me ocurren varias.
Es más cómodo para la familia: Luisa no había muerto, aunque a efectos prácticos lo estaba. Así, cuando llegue la de la guadaña, no nos impresionará en absoluto: total, ya estaba «dormida»…
Es más cómodo para el enfermo. No es lo mismo saber que te van a dormir para quitarte el dolor, que saber que vas a morir. ¿Os imagináis el vértigo de saber que esa inyección te va a quitar la vida?
Es más cómodo para el médico. He oído muchas veces la frase de «no podría cargar con una muerte en mis espaldas el resto de mi vida»; es mucho más fácil autojustificarse pensando «no, yo sólo le sedé».
Sin embargo, todo ello banaliza la muerte. Nos escudamos en formalismos para negar la realidad de los hechos. No matamos, sino que sedamos. La muerte pierde toda su fuerza: deja de ser el fin de la vida para transformarse, simplemente, en un paso más de la enfermedad.
Y mejor lo dejo aquí, que ya he divagado bastante. Como veis, esta vez no pretendo dar ninguna solución: tan sólo plantear preguntas. Que cada cual encuentre su respuesta.
Manual de uso y disfrute
(Actualizado el 13/05/08)
(Reactualizado el 12/06/08)
He caído en la cuenta de que todavía no había puesto unas instrucciones. Y qué sería de un blog con pretensiones sin un buen manual para disfrutarlo: ¡lo tiene EDans, y no lo voy a tener yo!
Respecto a las visitas y los comentarios.
En este blog, al contrario que en casa, las visitas no dan por culo; es más, me alegro con cada nueva visita (y más si comentan y repiten).
Pero en este blog, al igual que en casa, mando yo (o, en su defecto, mis dos reverendísimos). Eso significa que me educaron en la libertad, creo en ella, la disfruto y la defiendo. Por consiguiente, todo el mundo tiene derecho a opinar y decir lo que le salga del ciruelo. Pero en cuanto alguien mee fuera de su derecho (ya ni os cuento si encima apunta al derecho del vecino), yo ejerceré de Todopoderoso para borrar el correspondiente degüelto.
Secciones y apartados.
A:
Porque yo también he decidido salir del armario.
Autofellatio:
Es que mi novia me dice que a ella le da asco.
Aviación:
Todo tipo de pichorradas sobre aviones, aviación, aeropuertos, y cualquier cosa que tenga que ver con mi aerotrastorno (el cual, algún día, me tendré que hacer mirar…).
Citas:
Frases lapidarias (generalmente) y otras para reflexionar (porque, de puro largas, pierden su contundencia).
Economía:
Porque en el fondo soy un pesetas, aparte de que me gusta saber cómo funciona este tinglado en el que estamos montados.
Educación:
Del tipo de «Opinión», pero sobre este tema en concreto. Porque los errores se arreglan desde la base, y aquí hay mucho que hacer. Y como, en este país, a todos nos encanta decir lo que pensamos, yo no iba a ser menos.
Frikadas:
Cosas que uno no comenta por ahí, por miedo a que le miren con cara de «Pobrico, en el colegio seguro que le robaban el bocadillo…».
Humor:
Porque a los frikis también nos gusta reírnos. Y, si se puede, mejor «de» que «con».
Medicina:
Porque me gusta (oh, yeah). Y es que la diferencia entre Dios y los médicos* es que nosotros hacemos el MIR.
Opinión:
Porque esta es mi casa, y yo he venido aquí a hablar de mi libro (¡cojones, ya!).
Tecnología:
El cajón de sastre donde cabe de tó…
Videolog:
Porque son muchas horas (muchas) las que pierdo en internet, y algunas perlas no se pueden pasar por alto.
* -> Algún día espero poner el chiste como es en realidad. Porque entre los médicos, afortunadamente, también hay clases.
Contacto.
Las quejas, al maestro armero. Para todo lo demás, podéis comentar esta misma entrada.
Oye, ¿y qué es eso de ecjpr?
Marujeo y cotilleo
Venga, si habéis leído hasta aquí, os cuento algún detallito personal. Varón, entre veinte y treinta años, con estudios universitarios y una cierta mala leche, que, disponiendo de mucho tiempo libre, y habiéndosele pasado la época de matarse a pajas, prefiere emplearlo en mantener este blog.
Y, para terminar, una foto. Si fuera un dibujo de Los Simpsons, sería algo así:

Mentira: en realidad mi pelo es castaño (con alguna cana dispersa por ahí)
Me hierve la sangre (actualizando y ampliando)
Vale: me la metieron por toda la escuadra y hasta el fondo. Vengo a contaros cómo terminó la historia de las ECM. Y es que, para mi alegría y en contra de lo que yo esperaba, la profesora sí sabía qué significaban las siglas de marras. Ya os imaginaréis entonces qué es lo que realmente perseguía el docente. Pasamos de la ira, al desaliento. De la ira por un profesor incompetente… al desaliento por la desidia de los estudiantes.
Os recomiendo que leáis este post de Warthog. Expresa perfectamente lo que pensé cuando mi hermano me contó lo que sucedió en clase. Imaginaos la situación, con la profesora corrigiendo el ejercicio, y los alumnos explicando con aplomo qué era una entidad centriolar y cuándo se podían sufrir. A nadie (excepto a mi hermano… modestia aparte) le chirrió el tema. Nadie pidió ayuda a sus padres (muchos de los cuales son médicos). Ninguno miró en internet, ni siquiera en la Wikipedia. ¿Para qué? El profesor ha dicho que esto es blanco, ergo esto es blanco. Y punto pelota.
¿Sentido crítico? ¿Capacidad de discernimiento? ¿¿Razón?? Eso son cosas que se quedaron en el pasado, hombre. Como el trabajo, mérito y esfuerzo (y mira que me jode citar al gallego). Mira que este blog lleva poco tiempo andando, y ya hasta me puedo citar en este tema. Los estudiantes ya no se esfuerzan por sacar mejores notas: lo hacen por ser el que menos asignaturas penque. Y si me voy con cinco a septiembre, mis padres me compran una moto, y los profesores me aprueban (o el Gobierno me pasa de curso). Para que no me frustre. Angelico. Las chicas compiten a ver cuál es más zorra, y los chicos a ver cuál se fuma el porro más gordo. Y no, no está otra vez el abuelo cebolleta con las historias de la guerra. Estoy lo suficientemente cerca de esa generación como para tener la certeza de que esto que digo, como lo que dice Warthog, es la pura y descorazonadora verdad.
Pero el problema no es que en el colegio no rindan, que ya de por sí es un problema. Podríamos achacárselo, no sé… a la LOGSE, al «sistema» o «la sociedad» (a qué coño se referirá la gente cuando habla «del sistema», ¡como si ellos no formasen parte activa del mismo!). Pero eso sería una preocupación menor si esa juventud tuviese algo de coraje, de empuje.
Por poner un ejemplo tonto: que no les gustase estudiar, pero les apasionase la marquetería. Eso significaría que, aptos o no para el estudio, son capaces de moverse por sí mismos. Lo que caracteriza al ser humano es su capacidad de tomar decisiones sobre su propia vida distintas a los impulsos. Un animal come o se aparea porque sus hormonas se lo indican; ningún animal hace algo «porque sí». Sin embargo, las acciones humanas (que no las del hombre) no responden a una necesidad biológica. De hecho, eso es lo que las caracteriza: una actividad humana es tanto más humana y menos animal, cuanto menos «biológica» o «útil» es (¿acaso la música nos da de comer? ¿acaso la pintura nos protege del enemigo?).
Divago. Volvamos al tema: la dejadez de la juventud. Es desalentador ver cómo a la inmensísima mayoría lo único que le preocupa es el ciegazo que se va a pillar este finde, o con quién se acuesta nosequién de Gran Hermano. No tienen inquietudes, no tienen curiosidad, que es condición sine qua non para el progreso. Y no me estoy refierendo a que se hayan leído la Odisea o les guste Mozart: me refiero a que ninguno es un enfermo de la informática que tenga en casa chococientos manuales de php, a ninguno le pierde la mecánica y te diagnostica una avería con oír el motor, ninguno es capaz de darte una lección sobre música más allá de lo que suena en Cadena 40 Principales. No tienen hobbies, no tienen aficiones, nada les apasiona, todo les da igual.
Lo he visto al recibir clase, lo he visto al darla, y lo veo al trabajar. La actitud de esos estudiantes/currantes se resume en un «dime lo que tengo que hacer, y no me marees». La inmensa mayoría son incapaces de responder a dos preguntas tan elementales como «¿por qué?» y «¿para qué?». Ellos sólo saben que tienen que hacer algo, pero no saben cuál es su finalidad. Son incapaces de cuestionar ningún acto, lo cual es la autovía al estancamiento cultural y el dogmatismo. Vale, ahí me he pasado. Seré más práctico: esa actitud es la de la masa ovina camino del redil, dirigible por cualquiera que se ofrezca a indicarles la ruta.
Esa es, ni más ni menos, la juventud que estamos haciendo. De lo que no nos enteramos, o parece que nos da igual, es que pasado mañana nosotros dependeremos de esa juventud. Así que, aunque sea, por egoísmo.
Me hierve la sangre…
― Oye, tato [sí, joderse, sigo siendo el tato], ¿sabes que son las ECM? Es que en filo[sofía], nos han dado un artículo para que hagamos un trabajo
¿Las ECM? Joder, tengo esa sensación típica de un examen, el «coño, si esta me la sabía». Pero no caigo, así que le tengo que pedir que me lo explique. «Espera, que voy a por la hoja y te digo».
Tal que viene por el pasillo, vocea: «Sí, las ECM: Entidad Celular Microtubular». ¿¿Mande?? Como no sea el centriolo (por lo de celular y microtubular), ni idea. Pero, joder, cómo se pasa la de biología, que les da un artículo en plan friki, ¡sobre el centriolo! Espera… Si mi hermano estudia bachiller técnico, ¿qué hace con un texto de biología? Es más, ¿no me ha dicho que se lo han dado en filosofía? La hecatombe. ¡Ha dicho culo, papá, ha dicho culo! Una profesora de filosofía repartiendo textos de biología. Me temo lo peor.
Y no es para menos. Tal que el artículo cae sobre mi mesa, leo «Cuando el corazón y el cerebro se paran, no puede existir memoria». ¡Coño, claro! Las ECM: ¡Experiencias Cercanas a la Muerte! ¡Si me acabo de leer una novela que trata sobre eso! Ya decía yo que esta pregunta me la sabía… Ahora bien, ¿qué tiene que ver «la luz al final del túnel» con una movida de Citología? Y me insiste: «No, no, te juro que la profesora nos ha dicho eso: Entidad Celular Microtubular. De hecho, había un montón que no lo entendían, y ella lo ha repetido varias veces, y ha leído este párrafo». Nota al margen: Profesor de filosofía: dícese del docente que no tiene ni puta idea de lo que habla y que, cuando se le va a ver el plumero (con cualquier tema objetivable), opta por leer el texto.
Mi vena se empieza a hinchar. No es que se ponga a hablar de lo que no le compete. No es que «el artículo» sea una fotocopia de El Semanal. Es que, encima, ¡ni siquiera sabe qué significan las siglas que titulan el artículo! ‘amos, no jodas… No salgo de mi asombro.
Vayamos por partes. El refranero español dice: «Zapatero, a tus zapatos». Yo, además de que soy de ciencias, no tengo ni puñetera idea de humanidades (ya lo dije en su día: soy un desgraciado hijo de la LOGSE). Y si se me ocurre meterme en cuestiones lingüísticas es porque en la carrera he tenido una asignatura dedicada específicamente a ello. ¿Acaso los de humanidades tienen algo parecido? ¡Qué van a tener!
Sólo así se entiende que esa misma profesora, en esa misma clase, les dijera que no les sabía explicar la diferencia entre muerte clínica, muerte y coma. Cuando mi hermano me contó esto, yo casi paso de golpe por esos dos estados. Porque sí, señores, son dos y no tres, mal que le pese a la de filosofía. Y es que uno, o está muerto, o está vivo; lo mismo que una mujer, o está embarazada, o no lo está (incluido el mismo acto de cambio de estado). Pero ni puede estar «clínicamente embarazada» ni «clínicamente muerta». O lo juno, o lo jotro.
Y es que me parece perfecto que los de ciencias tengan que dar Historia, Lengua y Filosofía (¿por qué no?). Me la suda que los de letras no sepan distinguir una vena de una arteria (ellos se lo pierden). Incluso que esté dando clase un profesor sin un mínimo de cultura general. Lo que ya me empieza a hinchar las gónadas es que un profesor opine de algo de lo que no tiene conocimiento. Pero lo que le pone la puntilla es que ni siquiera se ha leído el texto que entrega a sus alumnos, que esté diametralmente confundido, ¡¡y que encima lo defienda!!
Diréis: sí, claro, es muy bonito hablar desde la barrera, pero ¿qué hubieras hecho tú en su lugar? Pues muy fácil. Lo primero, no repartir una fotocopia de El Semanal, que me quita la poca credibilidad que pudiera tener como docente. Y lo segundo, documentarme mínimamente. Anoche yo no tenía ni idea de qué eran las ECM (aparte de lo que leí en la novela, pero que por tratarse de una novela no puedo dar credibilidad). Sin embargo, uno busca un poco por internet, y en veinte minutos saca una decena de referencias. Un vistazo a los resúmenes bastó para seleccionar estas dos:
- «Near Death Experience», de un British Medical Journal de 1989
- «Near death experiences, cognitive function and psychological outcomes of surviving cardiac arrest.», de un Resuscitation de 2007 (por coger algo más actual)
Leerlas y subrayarlas no me ha llevado más de una hora. ¿Tan difícil era que la profesora hubiera hecho esto? ¿No tiene un mínimo de dignidad para documentarse antes de hablar de un tema?
Como con lo de la muerte clínica. Vamos a ver, chiquilla. Si hasta te viene en el BOE explicada la diferencia (RD 2070/1999, de trasplantes: mirad el Anexo I). Si es algo de cultura general. Y, lo que es peor: ¡si es algo que vas a explicar en tus clases!
Por Ford, me hierve la sangre. Cómo se puede ser tan doblemente ignorante: no sabiendo, y desconociendo que no se sabe. Y, lo que es peor: cómo se pueden tener los redaños de regodearse en ello y no intentar remediarlo. Me revienta, os lo juro.
Pero bueno, para que no se diga que aquí sólo se hace crítica destructiva, prometo colgar mañana y pasado sendas explicaciones sobre la definición de muerte y las ECM. Para que así, por lo menos, los que leéis este blog no quedéis en ridículo como lo hizo la de filosofía.
Fedeguico
Sin embargo, hoy he caído en una joya (más) de los amigos de Halón Disparado, y no he podido resistirme a escribir unas líneas al respecto. Aunque no sea más que para dedicárselas a esta amiga (¡va por ti!).
Empezaré por el principio de los tiempos: lo admito, yo nunca escuché la COPE. Mi salud mental me lo agradece cada día (casi tanto como no asomarme a ese pozo séptico que es Libertad Digital, pero eso ya es otra cuestión). Sin embargo, Fedeguico es tan gramde que traspasa fronteras; no es necesario dedicar un minuto a escucharle para que sus exabruptos alcancen los oídos de uno. Es lo que tiene cuando uno es un bocazas.
¿Pruebas? La querella por difamación presentada por el Dr. Luis Montes*. Es que queda tan kañero lo de insultar al capacillo de las hostias de turno… Me imagino a esos chavalines de camisa y jersey de Ralph Lauren, españoles de bien (a los que sufro cada día, así que no me jodáis con lo de los tópicos), aplaudiendo la logorrea de Fede. Y es que él sí que tiene valor, y no Zetapero, que negocia con ETA y deja que los nacionalistas se le suban a las barbas.
Hasta ayer eso podía tener un pase, porque Montes, la jueza y todos los médicos en general son unos rojos de mierda. Sin embargo, ¿qué excusa pones cuando el sindicato mayoritario de la Policía también te demanda por injurias? Porque aquí no sé yo si colará lo de los rojos…
Pero bueno, que me pongo a hablar de Fede y me puede el amor. Todo esto, como digo, venía a colación del artículo del Camarada. Resulta que Fede, encima de bocachancla, ahora resulta que tiene mal humor, y le desagrada una bromita de nada:
Y es que donde las dan, las toman. Que lo de trabajar como fiel monaguillo le ganará indulgencias en el más allá, pero entre tanto purgará sus pecados del lado de acá.
*-> Y, según veo ahora, también once compañeros más.