¿Por qué vomitamos?
Tras la entrada sobre la diarrea, se imponía otra para explicar qué sucede cuando descomemos por arriba: ¿por qué vomitamos, cómo se vomita, qué mecanismos están implicados?
El vómito se controla por un área en el bulbo raquídeo (en la base del cerebro) que tiene el obvio nombre de centro del vómito. Este recibe señales del área postrema, que está detrás de los vómitos por tóxicos, como los que ocurren tras la anestesia. También le llega información, mediante el nervio vago, directamente del estómago y el duodeno: es la responsable de que vomites justo después de una comilona (esas vísceras son muy sensibles a la sobredistensión) o tras beber el sexto tequilazo del tirón (el alcohol es un irritante muy potente, y el estómago se defiende de esa agresión). Otros desencadenantes son el órgano del equilibrio (que se lo pregunten a esta chica), el aumento de la presión intracraneal, la inflamación de los órganos abdominales, o incluso estímulos visuales u olfativos. Cuando actúa cualquiera de estos, el centro del vómito envía señales que van preparando tu cuerpo para una erupción inminente.
El caso es que antes de echar todo aparecen unos síntomas típicos, de los cuales las náuseas son los más obvios, pero tú probablemente hayas notado también que salivas más, respiras profundo, te entran sudores y tus pupilas se dilatan. Además, con antelación a todo esto, tus intestinos han podido estar moviéndose en sentido contrario (antiperistaltismo) durante varios minutos, haciendo que luego puedas encontrar en tu vómito alimentos que habías comido horas atrás.
Cuando ya está todo preparado, ocurre la emesis. El diafragma baja y se queda fijo en posición de inspiración, los músculos de la pared abdominal se contraen, y el esfínter inferior del esófago se relaja: ¡todo para fuera! Además, por seguridad, las vías respiratorias (glotis, nasofaringe) se cierran; este mecanismo de protección no existe en pacientes inconscientes, que corren el riesgo de aspirar su corrosivo vómito y hacer una neumonitis por aspiración (o síndrome de Mendelson).
No obstante, también puede haber vómitos que aparezcan sin ninguno de los síntomas previos, como es el caso de los vómitos en escopetazo, que tienen típicamente un origen neurológico, generalmente por hiperpresión intracraneal (vg. meningitis).
Para terminar, una vez explicado el problema, ¿cómo podemos solucionarlo? Seguro que todos sabéis que hay remedios para hacer desaparecer las náuseas y los vómitos, como el archiconocido Primperan. Sin embargo, como bien dice uno de nuestros anestesistas, ante la pregunta «¿Qué me tomo?», la respuesta es «Depende»: depende de lo que diga vuestro médico, que es el más indicado para evaluar si esos vómitos son una gastroenteritis común o si puede haber algo más.
Y como siempre, dudas y collejas, en los comentarios.
Bibliografía:
Fisiología de los trastornos digestivos. En: Guyton AC, Hall JE. Tratado de fisiología médica. 10ª ed. México: McGraw-Hill Interamericana; 2001. p.926-7
Silbernagl S, Despopoulos A. Texto y atlas de Fisiología. 5ª ed. Madrid: Elsevier; 2001.
Hasler WL. Náusea, vómito e indigestión. En: Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editores. Harrison. Principios de Medicina Interna. 16ª ed. McGraw Hill; 2005. p.248-51.
Pérez-Arellano JL. Sisinio de Castro, manual de Patología General. 6ª ed. Barcelona: Masson; 2006.
Librería (II)
Hace un año compartí por aquí esta lista con los libros que me había fulminado en los doce meses anteriores, por si acaso a alguien le podía servir como recomendación (o como aviso). Esta vez la lista es más breve porque un suculento regalo de cumpleaños ha robado parte de mi atención. En cualquier caso, hela aquí: títulos, autores e impresiones. Las dudas y aclaraciones, en los comentarios. Y recordad que las calificaciones son:
🙁 : sin más. Se deja leer, pero no es el típico que recomendaría a un amigo.
🙂 : si no sabes qué fusilarte, este libro es una buena idea.
😀 : realmente bueno, léelo en cuanto tengas tiempo.
En orden inverso de lectura (el último más arriba):
- Descubrir… los motores de aviación (José Antonio Martínez Cabeza): 😀 Perteneciente a la colección «Descubrir» editada por AENA, este libro es muy recomendable para cualquier persona con un poco de curiosidad por la aviación. No hace falta tener ningún conocimiento previo, porque el autor explica claramente y con ejemplos la historia de los motores de aviación, desde los albores con motores de automoción adaptados hasta los modernos turbofanes de alto índice de derivación, e incluyendo curiosidades históricas como los motores nucleares o combustibles exóticos. El único fallo, si se puede contar como tal, es que en algunas partes es demasiado profuso en datos históricos (años, motores, fabricantes, ingenieros insignes) pero, por lo demás, es un libro breve y fácil de leer, muy aconsejable.
- El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Oliver Sacks): 🙁 – 🙂 Agridulce. Esperaba algo distinto, y quizás eso condiciona mi juicio. Yo pensaba que iba a leer un libro de divulgación de Medicina, con chascarrillos y anécdotas de neurología, y en vez de eso me encontré con una serie de divagaciones psicológicas y filosóficas sobre el cuerpo y el alma (echad un vistazo a estas dos citas). Objetivamente el libro no está tan mal y tiene alguna reflexión aprovechable (carita alegre), pero no es menos cierto que hay páginas que se pueden leer en diagonal sin temor a perderse absolutamente nada (carita triste).
- 50 reasons people give for believing in a god (Guy P. Harrison): 🙁 No aporta nada nuevo, además de recurrir muchas veces a los cuatro mismos argumentos. Podía haber sido mucho más ingenioso, mucho más certero, pero se ha quedado en una tibieza que ni gusta ni disgusta, y por eso muchas veces aburre. Prescindible.
- Novelas ejemplares (Miguel de Cervantes): 🙁 Esperaba otra cosa pero, si me lo permitís… me resultó un poco coñazo (hale, podéis crucificarme). A no ser que estés especialmente interesado en esa época histórica o en libros de ese tipo, como «lector generalista» no compensa. Lo que más me llamó la atención fue el estilo tan artificioso y rebuscado de los diálogos en muchas de las historias; no sé si pensar que se debe a la época, porque no obstante los personajes de inferior estofa eran mucho más directos, pero en cualquier caso muchas veces me daban ganas de soltarle una colleja al noble caballero de turno, por relamido y capullo.
- Letter to a Christian Nation (Sam Harris): 🙂 Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Dice que tiene pretensiones de hacer pensar a los creyentes (de ahí su nombre), pero en ocasiones peca de demasiado duro. De todas formas, no importa: para un «bloguero científico ateo progre» (como hoy me han definido), resulta refrescante y se fulmina en unas horas.
- Beyond chocolate: understanding swiss culture. (Margaret Oertig-Davidson): 🙁 La conclusión obvia: toda generalización es errónea (incluida esta misma frase). Cualquier afirmación acerca del carácter o el comportamiento de un grupo de personas lo suficientemente amplio debe seguirse por tal retahíla de condicionantes y excepciones que la afirmación original queda invalidada. Exceptuando algunas curiosidades culturales como que en una fiesta el recién llegado ha de estrechar la mano y decir su nombre uno a uno a todos los integrantes (doy fe), el resto del libro aporta más bien poco.
- Seras-tu là? (Guillaume Musso): 🙂 / 🙁 Sonriente si no has leído ninguno de este autor. Triste si ya lo has hecho. Esto es como las películas porno: vista una, vistas todas. La historia se resume en: médico (varón) que ha perdido traumáticamente a la mujer que era su alma gemela, se consagra exclusivamente a su trabajo hasta que un acontecimiento sobrenatural le vuelve a poner en contacto con ella y hace que cambie su vida. Se leen fácil, son muy emotivos… pero no aportan nada. Vamos, como una porno: cuquilla sin compromiso, y a seguir con la tarea.
- El jugador (Fyodor Dostoyevski): 🙂 Muy ameno, me gustó especialmente la caricatura que efectúa de distintos estereotipos nacionales (rusos, franceses, ingleses).
- La Nausée (Jean Paul Sartre): 🙂 Buen libro. Debería haber escrito esto cuando terminé de leerlo: supongo que entonces me habría sido más fácil expresar el caos que plasma Sartre en sus hojas. La novela es un diario que recopila las divagaciones nihilistas de un hombre que yerra como barco sin puerto, dudando de todo y sin saber a dónde dirigirse. Personalmente, el libro mejora pasados los primeros capítulos, una vez conseguimos meternos en la mente de Roquentin y compartir su vértigo, su náusea.
Y ahora mismo, The Pila™ cuenta con los siguientes integrantes: El mapa fantasma (Steven Johnson), The grapes of wrath (John Steinbeck), Le rouge et le noir (Stendhal), El conde de Montecristo (Alejandro Dumas), Autism’s false prophets: bad science, risky medicine, and the search for a cure (Paul Offit), Atlas ilustrado de armas y municiones de la Guerra Civil española (lo vi en el híper y no me pude resistir), Diseño de motores de aviación comercial (Alberto García Pérez) y Descubrir… el control aéreo (Jorge Ontiveros). Teniendo en cuenta lo que se me avecina este año, me temo que me podré dar con un canto en los dientes si me los leo todos. No obstante, ¿creéis que hay algún «must have» que no puedo dejar pasar?
El electrocardiograma, ese garabato con picos y curvas
El otro día, mientras disfrutaba de la conversación con uno de los habituales de este blog, me di cuenta de que los médicos empleamos cotidianamente herramientas que, para el común de los mortales (o para todo un ingeniero), están más cerca de la quiromancia que de la ciencia: al fin y al cabo, ¿qué información podemos obtener de una hoja rosita con una docena de garabatos?
Por favor, que el personal médico se abstenga de seguir leyendo. Lo que sigue está tan resumido y simplificado, que me podríais lanzar los cuchillos (y con razón).
Vale: todos sabéis que el corazón se contrae y se relaja, y se contrae y se vuelve a relajar, y que hace eso gracias a unas descargas eléctricas que él mismo genera. Los picos que veis recogen esa actividad eléctrica, y cada una de las distintas líneas (derivaciones) lo hace desde diferentes puntos de vista: cuando una dice «¡que viene la ola!» (pico positivo), la que está enfrente dice «¡que se va!» (pico negativo): por eso, por ejemplo, aVR es casi la imagen recíproca de II. No me detengo más porque sería un coñazo, pero si a alguien le interesa, que lo pregunte en los comentarios y lo explico. Asimismo, el hecho de que sea más grande o más pequeño depende de su voltaje (1 mV/mm en el eje vertical) y duración (a una velocidad de 25 mm/s, cada milímetro equivale a 0,04 s).
En cualquier caso, lo miremos como lo miremos, un electro normal tiene una estructura básica que se repite periódicamente: el complejo P-QRS-T, que se corresponde con un ciclo cardíaco (un latido, sístole-diástole).

- Onda P: es el inicio del ciclo. El nodo sinusal, nuestro marcapasos natural, libera una descarga desde su ubicación en la aurícula derecha, provocando la contracción auricular que empuja la sangre a los ventrículos.
- Segmento PR: es una línea horizontal que se corresponde con el viaje del impulso eléctrico a los ventrículos. No hay ningún movimiento en los milisegundos que dura.
Con más detalle: el corazón está eléctricamente dividido en dos «bloques», aurículas y ventrículos, separados por tejido fibroso que actúa de aislante, excepto en un punto que es el que hace de conductor: el nodo auriculoventricular (nodo AV). Este «puente» conduce el impulso, pero lo hace lentamente, asegurando que los ventrículos se contraigan después que las aurículas. Y si lo hace demasiado lento, como ocurre por ejemplo en una reacción vagal (tema para otra entrada), el impulso directamente se pierde y falta un latido. - Complejo QRS: es la despolarización y contracción de los ventrículos, impulsando la sangre por las arterias. Tiene mucho mayor voltaje que la onda P porque la masa muscular de los ventrículos es mayor que la de las aurículas.
- La onda Q es el primer pico negativo, si lo hay. Si cumple ciertos criterios puede indicar cicatrices en el miocardio por infartos previos.
- Las ondas R y S (el primer pico positivo y el negativo que le sigue) se corresponden con la contracción de la masa del corazón. Así pues, en los casos de hipertrofia ventricular (un corazón demasiado grande), estas ondas pueden aparecer anormalmente grandes. De hecho, hablamos de hipertrofia electrocardiográfica (criterios de Sokolow) si cierta R junto otra S suman más de 35 mm.
- Segmento ST y onda T: es la repolarización («recarga») ventricular, que lo deja armado y listo para volver a contraerse. La auricular no la vemos porque el complejo QRS la oculta (ocurren simultáneamente, pero éste es mucho mayor).
Y esto es lo básico: a partir de aquí empezamos con los alardes de ingenio (¡por algo hay cardiólogos tan subiditos!). Hay electros obvios, que te saltan a los ojos, como el del infarto, con ese característico lomo de delfín que incluso nos permite estimar en qué arteria coronaria está el problema, en función de su forma y las derivaciones en las que aparezca. Pero también hay sutilezas como el Wolff-Parkinson-White:
una enfermedad en la que el nodo AV no es el único conductor del impulso entre aurículas y ventrículos, sino que además hay otra vía accesoria más rápida. Por eso el miocardio empieza a descargarse antes de lo que debería y la forma del QRS es diferente: ¿veis que ese primer tramo de la onda R tiene otra inclinación? Es una onda delta, típica del WPW.
Y grosso modo creo que esto es todo. Si tenéis alguna duda en particular, hacedla en los comentarios, y las más jugosas las iré añadiendo a la entrada.
Bibliografía:
Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editors. Harrison’s Principles of Internal Medicine. 16ª ed. McGraw Hill; 2005.
García-Bolao I. Introducción a la electrocardiografía clínica. 1ª ed. Barcelona: Ariel; 2002.
Índice de impacto: un regalito
Para los que no estéis familiarizados con el tema de la documentación científica, lo explico brevemente: ¿cómo puedo valorar si una publicación es «importante» o no? ¿Qué artículo será más leído: uno en el British Medical Journal u otro en Circulation? Y, extrapolando un poco, ¿qué revista traerá artículos más relevantes? Para estimar todo esto se emplea el índice de impacto, un parámetro calculado anualmente por el ISI (uno de los múltiples brazos del grupo Thomson) y publicado en el Journal Citation Report (JCR).
El tema es que siempre que había querido averiguar el impacto de una publicación me había topado con que el susodicho JCR era de pago, y su acceso a través de la FECYT requiere una suscripción institucional que, obviamente, yo no tengo.
Sin embargo, y aquí llega el regalo, el otro día descubrí que la FECYT proporciona los listados con los índices de impacto de todas las publicaciones de ciencias, para que cualquiera se los pueda descargar y consultar tranquilamente. Que lo disfrutéis.
Mujer que aborta, mujer que te violas
Tenía prevista otra entrada, más didáctica y tal, pero algunos miembros de la Curia las ponen a huevo (y Sonicando me las suministra). Una perlita del arzobispo de Granada:
El arzobispo de Granada, Javier Martínez, pronunció el pasado domingo una homilía en la Catedral en la que comparó la reforma de la Ley del Aborto con el régimen de Hitler (…) «Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer, porque la tragedia se la traga ella».
Joder. Y no sé yo si la puntualización lo arregla o lo remata:
La oficina de información de los Obispos del Sur, que distribuyó ayer su homilía del domingo, explicaron que esta frase de Martínez apunta primero «al abuso que la mujer comete primero con su cuerpo y con su hijo», y que la deslegitima para negarse a que el hombre abuse de ella «como si fuera un objeto». «El arzobispo se refería a que si la madre es capaz de matar a su propio hijo, el varón tiene entonces autoridad absoluta para hacer lo que quiera con ella y con su cuerpo».
En fin: como los viejos de la casa sabéis, me gusta darle a todo una vuelta de tuerca. Algo que, en este caso, quedaría…
Si permitir el aborto permite que los varones abusen sin límites de la mujer, permitir el trabajo femenino da pie a que los maridos exploten y esclavicen a sus mujeres. ¿Conclusión? ¡No permitamos el aborto y prohibamos el trabajo femenino!
Y antes de que me digáis que frases como la del arzobispo son fruto de la edad (Media, supongo) o la demencia senil de unos pocos voceros, os traigo un par de links que me ha dejado Google: «La realidad del aborto: promotor de la violencia contra la mujer», «El aborto exprés y sin control fomenta la violencia machista» o «El Foro de la Familia avisa que la ley del aborto traerá «más violencia machista»»
Lo que yo diga: permitir que la mujer pueda trabajar supone abrir la veda a que el marido la explote laboralmente. O algo así.
¿Sabías por qué… los aviones del Ejército tienen una cruz en la cola?
Algunos lectores sabréis, y al resto os lo digo ahora, que todas las aeronaves del Ejército del Aire y el de Tierra (las FAMET) tienen una cruz de San Andrés en la deriva (el plano vertical que hay en la cola): desde los «botijos» apagafuegos del 43 Grupo o los Mirage de Los Llanos en esquema de baja visibilidad, hasta los ignominiosos Falcon del 45 Grupo o los EC-135 de la UME.
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Para entender el por qué de la cruz de San Andrés (o, mejor dicho, de Borgoña) hemos de irnos hasta el siglo XVI, cuando Juana de Castilla la añadió a su escudo en honor a la tierra de origen de su marido, Felipe el Hermoso (I de Castilla y IV de Borgoña), y permanece aún hoy en el escudo de armas del rey Juan Carlos I. Este símbolo fue añadido posteriormente por Felipe V a los estandartes de los Tercios, tras lo cual permaneció ligada a los ejércitos de una u otra manera.
Sin embargo, la cruz de San Andrés no apareció en los aviones hasta la Guerra Civil Española, por un motivo mucho más prosaico. Mejor que explicarlo yo, os pongo una fotografía perfecta para que caigáis en la cuenta:
Seguro que ya veis por dónde van los tiros, y nunca mejor dicho: cuando los alzados capturaban las aeronaves republicanas debían borrar sus identificativos para evitar ser abatidos accidentalmente por fuego amigo. Para ello, el general Franco ordenó pintar la cruz de San Andrés sobre un fondo blanco que cubriría los colores de la enseña republicana, como la que lleva en el timón el Mosca de la foto. El resultado es algo así: un Polikarpov republicano con la cruz de San Andrés y la escarapela nacional.
Desprovisto de su utilidad inicial, el emblema ha perdurado hasta nuestros días como podéis ver en las fotos iniciales, sea con el estilo original (pintando el timón) o sea como una pequeña decoración integrada en un esquema de pintura de baja visibilidad (como en el Mirage F.1 de arriba a la derecha). No obstante, el origen franquista del símbolo motivó una proposición no de ley de Izquierda Unida en el Congreso, que no prosperó, para retirarlos.
Y esta ha sido la última curiosidad del año. Que empecéis muy bien 2010.
Aproximación NDB al Polo Norte
La creciente saturación del espacio aéreo unida a la ausencia de procedimientos operativos en determinados aeropuertos es la causa de numerosos accidentes, como la colisión ocurrida hace cuatro días entre el trineo de Santa Claus y un B738 de Ryanair. El avión, matrícula EI-CSC (construido en 1999, MSN 29918), cubría el vuelo Keflavik-Gander, en la primera línea transcontinental inaugurada por la aerolínea de O’Leary, y bautizada como «Belfast – Québec Este». Una hora antes de iniciar el descenso la tripulación notificó un impacto con un objeto no identificado de gran masa que les obligó a realizar un aterrizaje de emergencia; en principio, la magnitud de los destrozos sugiere que el avión estará AOG durante varios días hasta conseguir el radomo y la junta de la trócola para repararlo.
Por su parte, Michael O’Leary apareció ante los medios vestido de esquimal para hacer unas esperpénticas a la par que airadas declaraciones en las que atribuyó el accidente a la falta de habilitación de Santa Claus en el vuelo multirreno y a la carencia de procedimientos específicos en los aeropuertos del Polo Norte. Por ello, en un ejercicio de eficiencia típicamente no español, NAV Canada publicó hoy mismo una aproximación NDB al Polo Norte. Para quienes no estén familiarizados con el formato Jeppesen de cartas, o para cualquiera que no sea un friki de la aviación en general, clicando en la imagen puede acceder a la explicación por cortesía de la revista Wired.
Rh, embarazadas y niños
(Entrada de especial interés para mujeres Rh-)
El «errehache» (Rh) es el nombre común que tiene el antígeno eritrocitario D, una proteína presente en la membrana de los glóbulos rojos de algunas personas, y que debe su nombre a los macacos de la especie Rhesus (Rh) en los que se descubrió en 1940.
Esta molécula, cuya función se ignora, se codifica por un gen situado en el cromosoma 1 (que también contiene la información para otras dos proteínas, C y E, sin tanta relevancia clínica). En las personas que portan la versión «funcional» de ese gen, sea en ambas copias de sus cromosomas o sólo en una, sus células madre sanguíneas sintetizan el antígeno, que más tarde se expondrá en la membrana de los eritrocitos: son los individuos denominados Rh positivo, que suponen en torno al 85% de los blancos (porcentaje que asciende al 95-100% entre los negros, y que por lo tanto se quedarían fuera del edén vasco).
Isoinmunización Rh
Por otra parte, sabéis que el sistema inmunitario está diseñado para identificar y atacar aquello que no pertenece al organismo. En el caso de las personas Rh+, sus células defensivas «pasan» de esa moleculilla porque están acostumbradas a verla. Sin embargo, si inyectásemos glóbulos rojos Rh+ en una persona Rh-, su sistema inmune lo reconocería como algo extraño y llamaría al Séptimo de Caballería para follarse al intruso. Bueno, quizás la primera vez se les escape, porque para cuando dan la voz de alarma y movilizan a las tropas ya han pasado varias semanas y los eritrocitos Rh+ ajenos se han muerto solos, pero como ocurra una segunda vez, verás tú qué risa. Frikidato: por esto se admite la transfusión de hematíes Rh+ a personas Rh- de manera excepcional (jamás a mujeres) y si no hay antecedentes transfusionales.
Decíamos entonces que los hematíes Rh+, con esa proteinilla en la membrana, desencadenan una respuesta inmunitaria en una persona Rh-: provocan la síntesis de un anticuerpo que se une al antígeno D de la superficie, marcando los eritrocitos Rh+ para que sean destruidos. Esto causa anemia y libera hemoglobina, que se degrada a bilirrubina, tóxica para el organismo. Y la hemólisis masiva provoca un shock que te lleva derechito a la UCI. Vamos: mal plan. Imagina ahora que tenemos una madre Rh- que engendra un feto Rh+ y que, por lo que sea, una parte de la sangre del feto pasa al torrente de la madre: efectivamente, la madre produce anticuerpo anti-Rh al cabo de unas semanas. Quizás para entonces ya haya parido y el niño se salve de la quema, pero… ¿y si se vuelve a quedar embarazada de otro Rh+?
Enfermedad hemolítica perinatal, anemia hemolítica del recién nacido o eritroblastosis fetal
Si una mujer Rh- sensibilizada gesta un feto Rh+, el sistema inmunitario de la madre producirá anticuerpo anti-Rh (técnicamente IgG anti-D) que, por su tamaño, atravesará la placenta y pasará al feto, atacando sus hematíes. Como los glóbulos rojos se están rompiendo, el cuerpo tiene que producirlos con más rapidez: se agrandan el bazo y el hígado, que pierde su función normal y deja de producir proteínas (causando edemas: hidrops fetalis). Además, al haber menos hematíes, aparece una anemia que produce anoxia y «mata de hambre» al corazón y el cerebro. Y la hemoglobina que se libera se degrada a bilirrubina: esto no es mayor problema cuando el feto está en la madre, porque ésta se ocupa de filtrar y eliminar ese tóxico, pero cuando el niño nace… bueno, mirad la foto. Además, esta bilirrubina puede dañar ciertas estructuras cerebrales, provocando un kernicterus, que tiene una gran mortalidad y deja graves secuelas.
¿Cómo evitarlo?
Lo primero y más importante es que la madre sepa si su grupo Rh es negativo. Porque si el niño no muere durante la gestación, el tratamiento del neonato es muy agresivo, pudiendo necesitar incluso que le recambien varias veces la sangre hasta «aclarar» los anticuerpos maternos. Por eso, lo mejor es evitar que todo esto ocurra. Y para ello, la única forma es evitar que la madre se sensibilice al factor Rh. Por eso, cuando una mujer Rh- puede estar embarazada de un feto Rh+ (o sea, si el padre también es Rh+), se le administra una pequeña dosis de un anticuerpo como el que ella produciría (gammaglobulina antiD): con esto conseguimos «neutralizar» todos los eritrocitos fetales que hubieran pasado a la circulación materna y evitar que el sistema inmunitario materno llegue a conocerlos. Esta inyección ha de administrarse de manera profiláctica en la semana 28 de embarazo, en las 72 horas siguientes al parto, y siempre que se haya podido existir paso de hematíes fetales a la sangre materna (amniocentesis, biopsia coriónica, traumatismos abdominales). Aunque, no obstante, aún se nos puede escapar alguna madre que se acabe sensibilizando: la semana que viene os contaré algo sobre el «síndrome de la abuelita».
Y un regalito para los que hayáis llegado leyendo hasta aquí. Como sois unos perros, probablemente hayáis caído en que el grupo ABO también puede producir una hemólisis inmune, y que por eso hay que prestar atención a la hora de las transfusiones. Sin embargo, ¿por qué no nos preocupa el grupo ABO en la gestación? ¿No debería causar los mismos problemas que el Rh? Bueno… debería. Pero el tema es que, por los intríngulis de su producción, los anticuerpos anti-ABO de la madre son del tipo IgM, que son más grandes (tienen forma pentamérica) y no atraviesan la placenta.
Bibliografía:
Dzieczkowski JS, Anderson KC. Transfusion biology and therapy. En: Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editors. Harrison’s Principles of Internal Medicine. 16ª ed. McGraw Hill; 2005. p.662-667
Iglesias-Diz M, Jiménez-Gómez E, Macías-Cortiñas M. Enfermedad hemolítica perinatal. En: Comino-Delgado R, López-García G, coordinadores. Obstetricia y ginecología. 2ª ed. Barcelona: Ariel; 2004. p324-334
Blood types, transfusion, tissue and organ transplantation. En: Guyton AC, Hall JE. Textbook of medical physiology. 11ª ed. Philadelphia (PA): Elsevier Saunders; 2006. p.451-456
Apéndice I: herramientas del inmunólogo. A-11: prueba de Coombs y detección de la incompatibilidad Rhesus. En: Janeway CA, Travers P, Walport M, Shlomchik MJ. Inmunobiología: el sistema inmunitario en condiciones de salud y enfermedad. 2ª ed. Barcelona: Masson; 2003, p.625-626
Religión innata
Los niños muy pequeños gustan mucho de cuentos y relatos y los piden, y pueden entender cuestiones complejas expuestas como cuentos y fábulas, cuando su capacidad para captar conceptos generales, paradigmas, es casi inexistente. Esta capacidad simbólica o narrativa es la que aporta un sentido del mundo (una realidad concreta en la forma imaginativa de símbolo y relato) cuando el pensamiento abstracto no puede proporcionar ninguno. El niño sigue la Biblia antes de seguir a Euclides.
Oliver Sacks, en «El hombre que confundió a su mujer con un sombrero».
Me voy de vareta: ¿cómo se trata la diarrea?
A todos nos ha pasado alguna vez tener un poco de… premura intestinal. Son esos momentos en los que sientes «algo» en tu interior que te empuja a encontrar un retrete lo antes posible, como bien sabe Fat Bastard. Vamos: que tienes diarrea. Y te preguntas: ¿hay algo que pueda hacer para evitar esto? Pues… no. Con contadas excepciones que ahora veremos, la mayoría de las diarreas son autolimitadas: se van como vinieron. Empezamos con diarrea (y posiblemente algún vómito) en unas horas, y nos recuperaremos en un par de días. Esto es como la gripe: de hecho, en la mayoría de los casos, la diarrea también está causada por un virus (norovirus o rotavirus).
¿Tengo que ir al médico?
Lo primero: síntomas de alarma, «banderas rojas» que no podemos pasar por alto. Si en las heces hay sangre, moco, tienes fiebre o calambres intestinales, ve al médico. Probablemente hayas tenido la mala suerte de infectarte con algún pequeño cabrón, un E. coli productor de toxina Shiga o algún bicho similar, así que convendría que un tipo con bata te echase un vistazo. Y ni se te ocurra tomar Fortasec o algo para cortar la diarrea, por tu bien: lo que necesitas es cagar (perdón) todos los bichos, no quedártelos dentro.
Para los matasanos que lean esto: la diarrea bacteriana se trata con cipro o levo… que pueden aumentar la producción de toxina Shiga y ésta follarse al riñón, especialmente en niños. Para tenerlo en mente.
Conclusión: la diarrea acuosa no es «mala», aunque a veces parezca que estamos meando por el culo (qué bonito). Unas deposiciones líquidas, sin esos síntomas que mencionaba antes, y que dura menos de una semana, no requiere tratamiento más allá de la reposición de agua e iones. Eso sí: si estamos hablando de un anciano, un niño pequeño o alguien con problemas de riñón, eso del «agua y los iones» es una tontería… que puede mandarle a la UCI, así que aquí también conviene consultar a un médico. Pero creo que ninguno de los parroquianos entráis en esas categorías, así que sigamos.
Entonces, ¿qué hago?
Cualquiera de nosotros, persona joven y más o menos sana, que empieza a irse por la pata abajo: ¿debería tratarse la diarrea? No: a enemigo que huye, papel higiénico. No hay nada que vaya a acortarla (más bien lo contrario), así que sólo deberías tomar algo si no te puedes permitir bajo ningún concepto estar entrando y saliendo del baño (por ejemplo, si tienes que cruzar la jungla en autobús). En ese caso, podrías tomar algo con loperamida, pero prestando mucha atención a las indicaciones del prospecto.
¿Y qué hay de la alimentación? En principio no hay pruebas de que ninguna dieta acelere la recuperación. No obstante, se recomienda comer cosas fáciles de digerir, como la llamada dieta BRAT: plátano, arroz, compota de manzana y pan tostado. Asimismo os comento que los mecanismos de absorción intestinales siguen funcionando perfectamente, por lo que no tiene sentido ayunar; de hecho, en niños pequeños se recomienda mantener la alimentación oral normal. No obstante, debemos evitar la lactosa (el azúcar de la leche): la raza caucásica somos una excepción en los mamíferos, pues tenemos la suerte de poder digerir la lactosa más allá del amamantamiento; sin embargo, en el curso de una diarrea perdemos esta cualidad, siendo intolerantes a la lactosa temporalmente (durante una semana larga), y tomar alimentos que la contengan agravaría la diarrea. Ahora bien: podemos comer tranquilamente aquellos productos con leche fermentada, como los yogures (Hacendado o Eroski sirven, no hace falta comprar los de José Coronado).
Otra cosa que debemos tener en cuenta, mucho más importante que lo de la lactosa, es que tenemos que hidratarnos. Como estamos perdiendo agua y sales, el agua del grifo no es suficiente: podemos tomarnos alguna bebida isotónica o, más barato, un litro de agua al que echaremos una cucharilla rasa de bicarbonato sódico, otro tanto de sal de mesa, y cuatro cucharillas colmadas de azúcar (que no es para mejorar el sabor sino para facilitar la absorción del sodio). EDIT: Este detalle es importante, porque si usamos edulcorantes artificiales no sólo no conseguiremos este objetivo, sino que podremos agravar la diarrea por un mecanismo osmótico, como bien recuerdan en los comentarios.
Con estos cuatro consejos ya sabemos qué hacer la próxima vez que tengamos que correr a sentarnos en el trono. Pero como no puedo escribir una entrada sin soltar alguna frikada (¿más?), vamos con un par de casos particulares de diarrea.
Casos especiales: antibióticos y viajeros.
Es posible que alguno de vosotros hayáis empezado con diarrea después de seguir un tratamiento antibiótico que os pusieron por otro motivo. No es algo raro: tened en cuenta que ese antibiótico no sólo se ha cargado el bicho que os estaba fastidiando la garganta, el pulmón o la rodilla, sino también todas las bacterias del intestino. Ha cambiado la flora habitual, y probablemente la ha venido a reemplazar un Clostridium difficile, dando lo que se conoce como colitis pseudomembranosa. Comentádselo al médico, que os hará esperar unos días a ver si se resuelve solo o, si no, os dará otro antibiótico para limpiarlo (esta vez, del todo).
Y, por otro lado, se estima que un tercio de las personas que viajan a países en vías de desarrollo sufren diarrea los primeros días. Esto no es porque la comida lleve más curry o sea más picante, sino por unas condiciones higiénicas deficitarias (y porque no pedisteis el agua embotellada, que os lo tengo dicho). En este caso se puede hacer un tratamiento antibiótico empírico, pero generalmente es diarrea del tipo «bueno», el que no hay que tratar.
Y ahora, con vuestro permiso, me tengo que ir al baño. Si en algo me he explicado mal, tiradme de las orejas en los comentarios y prometo intentar enmendarlo.
Bibliografía:
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