Cateterismo cardíaco y angioplastia
En nuestra sociedad, donde la patología cardiovascular es la primera causa de muerte, seguro que todos conocéis a alguien que ha tenido un problema cardíaco (típicamente un infarto) y le han hecho «un cateterismo». Los más frikis, en vez de cateterismo, lo llamaréis angioplastia, y los abuelos, “el catete”. Lo llames como lo llames, voy a intentar explicar en qué consiste.
De entrada, una puntualización: realmente, el cateterismo y la angioplastia son dos procedimientos distintos. El cateterismo es diagnóstico (entrar con un catéter hasta el corazón y hacer unas mediciones), mientras que la angioplastia es terapéutica (hinchar un balón para abrir un vaso ocluido). En esta entrada explico ambos, pero quiero dejar clara la diferencia, porque en la calle se engloba todo como «cateterismo».
Qué es y para qué se hace
Como vimos en su día, en Medicina los nombres difíciles son un recurso de vagancia: esta entrada se resume simplemente explicando el nombre del procedimiento. En este caso, los ingleses emplean la sigla PTCA: Angioplastia (arreglito en los vasos) Coronaria (del corazón) Transluminal (a través del lumen [conducto] de los vasos) Percutánea (perforando la piel: con agujas, sin rajar con el bisturí); no obstante, generalmente se emplea el término PCI, más genérico.
La PTCA, a la que me referiré simplemente como angioplastia, nos permite reabrir un vaso ocluido en el corazón (una arteria milimétrica encerrada en la caja torácica) accediendo a través de una punción en la ingle: por eso es el tratamiento indicado en el infarto de miocardio.
También habréis oído hablar del bypass, que consiste en coger un trocito de arteria del pecho y usarlo para «puentear» la obstrucción. Esto es mucho más complicado, y se emplea sólo cuando resulta imposible hacer una angioplastia o hay demasiada avería para arreglar (tres o más vasos ocluidos).
Por otra parte, el cateterismo es muy similar: pinchazo en la ingle para meter un catéter, subir hasta el corazón, medir presiones e inyectar contraste. El procedimiento es el mismo, sólo que en la angioplastia además reabrimos el vaso. El cateterismo nos permite obtener in situ datos del funcionamiento del corazón tales como su movimiento, la hemodinámica y el estado de sus vasos, por lo que es una prueba muy útil en numerosas patologías.
Cómo se hace (cateterismo)
Aquí llega la parte explícita, con sangre y agujas, así que si sois de los que se impresionan, dejad de leer. Aunque, por otra parte, no sé entonces qué hacéis en este blog… ¡con lo que nos gustan los detalles escabrosos! Bueno, al tema: tenemos que meter un catéter, un tubito, para llegar hasta el corazón. Para saber en todo momento qué hacemos, además de monitorizar al paciente emplearemos fluoroscopia (visión con rayos X en tiempo real), así que lo tumbaremos en una mesa móvil bajo un arco de rayos X, como en la foto que encabeza la entrada. También inyectaremos contraste yodado, que es radioopaco, así que veremos perfectamente dónde fluye. Como efecto secundario, además de poder cargarnos el riñón con el contraste (por eso le daremos Flumil y litros de agua para beber), le estaremos chutando una dosis de radiación bastante generosa, superior a la de un escáner. No obstante, el beneficio en este caso supera ampliamente los riesgos. Y una última curiosidad, los cacharros que empleemos tendrán que estar heparinizados: los habremos purgado o lavado con una disolución de anticoagulante para evitar que la sangre haga «grumos» en su superficie y que estos puedan propagarse a otros sitios.
Un frikidato: los contrastes yodados han evolucionado mucho, desde los iónicos hiperosmolares que se usaban antes a los no iónicos isoosmolares actuales, se han reducido mucho los efectos secundarios; empero, es típica la sensación de calor que nota el paciente en el momento de la inyección, así como náuseas o sensación de mareo.
El punto de entrada será la arteria femoral, a nivel de la ingle. Un poquito de anestésico local, rajita con el bisturí y metemos el introductor, que es una especie de embudo por el que pasaremos el resto de dispositivos (guía, catéteres…). Vamos metiendo un catéter de casi un metro de longitud, ascendiendo a contracorriente por la femoral, ilíaca y aorta. Con cuidado de no perdernos por el camino y subir hacia el cuello, damos un giro de 180º para seguir la arteria y alcanzar el corazón.
¡Ya hemos llegado! Ahora podemos hacer nuestras mediciones, o decidir avanzar un pelín más y entrar al corazón, al ventrículo izquierdo. Sin embargo, tenemos un problema: cual cierre de sujetador una noche de pasión, nos topamos de frente con la válvula aórtica, que no para de abrirse y cerrarse. Aquí cuenta el sentido del ritmo y no perder de vista el monitor para avanzar el catéter justo en el latido, justo cuando la válvula está abierta. Una vez dentro, podemos obtener curvas de presión o inyectar contraste a toda velocidad para hacer una ventriculografía (como en el Tako-Tsubo):
O puede que queramos ver las arterias coronarias: esto es más complicado, porque son vasitos pequeños que surgen del seno de dos de las valvas de la válvula aórtica. Como ahí sí que hace falta afinar, se emplean catéteres con puntas de diversas formas:
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Cómo se hace (angioplastia, stenting)
Vale, ya hemos echado un vistazo al corazón. Hemos sacado fotos de sus arterias (coronariografía) y hemos localizado la obstrucción que estaba provocando el infarto. Ahora, ¿cómo lo arreglamos? Lo primero es pasar una guía metálica con dos fines: uno es perforar y atravesar el trombo que está ocluyendo la circulación, y otro es asegurar una línea que conduzca el nuevo catéter con el globo para la angioplastia.
Con la guía en su sitio, metemos el catéter de angioplastia e hinchamos el balón: una pelotita de goma de tres milímetros de diámetro que se infla con suero a 9 atm de presión. Con esto conseguimos reabrir el vaso cerrado… pero probablemente esto no aguante mucho, porque el vaso se retrae elásticamente, la placa de ateroma reproducirá el trombo, o lo que sea. El hecho es que el resultado es subóptimo.
Así que para mejorarlo del todo, introducimos un stent, un «muellecito» que «apuntale» la arteria que acabamos de abrir. Y ya, el más difícil todavía, podemos usar un stent recubierto de fármacos, que evitan la proliferación celular y disminuyen la tasa de reoclusiones. Eso sí: cada muellecito de estos, de un par de centímetros de largo y unos tres milímetros de diámetro, puede costar tranquilamente cuatro mil euros…
¿Y cuál es el resultado? Vedlo con vuestros propios ojos:

Hoy sí que he soltado una buena chapa. Y seguro que me he dejado muchas cosas en el tintero. Así que, como siempre, ya sabéis para qué están los comentarios.
Bibliografía:
Instituto Nacional de Estadística. Notas de prensa – Defunciones según la causa de muerte, año 2008. Datos provisionales. Madrid: INE; 2 de marzo 2010 [acceso 19 de abril de 2010]. Disponible en http://www.ine.es/prensa/np588.pdf
Baim DS, Grossman W. Diagnostic cardiac catheterization and angiography. En: Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editores. Harrison. Principios de Medicina Interna. 16ª ed. McGraw Hill; 2005. p.1327-33.
Baim DS. Percutaneous coronary revascularization. En: Kasper DL, Braunwald E, Fauci AS, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editores. Harrison. Principios de Medicina Interna. 16ª ed. McGraw Hill; 2005. p.1460-62.
Barrett BJ, Parfrey PS. Clinical practice. Preventing nephropathy induced by contrast medium. N Engl J Med. 2006 Jan 26;354(4):379-86.
Boston Scientific. PROMUS™ Everolimus Eluting Coronary Stent System. Information for prescribers. Santa Clara, CA: Abbott Vascular; 2007.
Symphony of Science
Mientras preparo la próxima entrada, y para disculparme por esta semana de ausencia involuntaria (ya no puedo quitarle más horas al sueño), os regalo esta joya que conocí gracias a Emtochka. Es un vídeo perteneciente al proyecto The Symphony of Science, una forma de divulgar Ciencia y Filosofía citando a grandes figuras (Sagan, Feynman, Hawking…), haciéndoles «cantar» sobre una base electrónica producida por John Boswell. Decidme si el resultado no es sorprendente.
The cosmos is also within us: we’re made of star stuff.
The beauty of living things is not the atoms that go into it, but the way those atoms are put together.
Después de ver esto, ¿alguien cree aún que la Ciencia es fría e inhumana? ¿Alguien opina que no hay emoción en preguntarse y estudiar los cómos y los porqués? Por cierto, hablando de esto: muy recomendable el libro de Sagan The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark.
Banco de sangre: extracción
Después de la entrada introductoria que leísteis hace un tiempo, tocaba meterse en las profundidades de la donación de sangre. En el capítulo de hoy, la parte que conoce el donante: la extracción de sangre (otro día iremos con la aféresis, algo más compleja).
Cuando llegamos al banco de sangre nos recibe una enfermera que nos tomará los datos y hará unas breves preguntas para asegurarse de que estamos en perfectas condiciones y no cumplimos ningún criterio de exclusión (¿te han operado? ¿has tenido alguna enfermedad últimamente?). Nos tomará la tensión y comprobará el nivel de hemoglobina: ¡no es cuestión de quedarse anémico por donar! Para ello da un pinchazo en un dedo con una lanceta (como a los diabéticos), recoge una gota de sangre con un capilar de cristal y ve si se hunde al arrojarla a un líquido azul, una disolución de sulfato de cobre de densidad conocida. Si todo está en orden, pasamos a la sala de extracciones.
Te sentarás en una butaca con las piernas elevadas y otra enfermera te pondrá un torniquete para palpar mejor las venas en el antebrazo y el codo; cuando haya visto claro dónde pinchar, desinfectará con dos productos distintos y te pinchará el estoque (mejor mira a otro lado: es la peor parte de la donación). Cogerá unos tubos con muestras para las analíticas correspondientes mientras tú estás abriendo y cerrando la mano, facilitando que la sangre fluya hacia una bolsa cuádruple que está sobre una balanza-oscilador. Esta balanza tiene dos funciones: por un lado mezcla la sangre con el anticoagulante y por otro controla la cantidad de sangre extraída, pinzando el conducto al alcanzar el valor prefijado (esto no es banal: los procesos posteriores se basan en el supuesto de que cada bolsa tiene 450 mL de sangre ±10%).
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| Mantén el ratón encima para verla llena. |
La extracción dura unos ocho minutos (en la foto, aguitarte terminó en menos de siete), aunque si empiezas a hacer un hematoma o te mareas, las enfermeras la detendrán inmediatamente y ese día ya no podrás donar. Cuando hayas terminado, la enfermera te sacará la aguja y te dará una gasa para que presiones en el punto de punción: como el agujero no es pequeño, te recomiendo que aprietes fuerte durante unos minutos si luego no quieres tener un bonito moratón. Entonces ella se llevará la bolsa cuádruple y la pondrá a enfriar sobre unas placas de butanodiol que mantienen una temperatura constante de 20 ºC en su superficie, suficientemente baja para detener un posible crecimiento bacteriano, pero no tan fría que inactive las plaquetas. Frikidato: el 1,4-butanodiol es una sustancia que funde a 20 ºC. Por eso, si primero lo congelamos y luego lo ponemos en un recinto más cálido, el butanodiol mantendrá la misma temperatura hasta que se haya fundido todo, lo cual puede demorarse hasta veinticuatro horas. Una ingeniosa forma de mantener refrigerada la sangre mientras espera a ser procesada.
Ya has terminado. Después de un tiempo prudencial te pondrán un apósito en el brazo (que no debes retirar en varias horas) y te dirán que puedes levantarte y salir a que te den algo de comer y beber (preferiblemente algo salado, para retener volumen: patatas fritas, bocadillo de jamón…).
Espero haberlo explicado bien y sin meter la pata: las dudas, en los comentarios. Las próximas entradas sobre el tema serán la donación por aféresis, el fraccionamiento y el serotipado e inmunohematología.
Valencia
Dentro de una semana, a estas horas estaré en Valencia para un curso de cinco días. Lo comento aquí por dos motivos:
- Disculparme por la posible bajada en la frecuencia de posteo. Como siempre, intentaré escribir algo (cuento con WiFi y portátil), pero no me puedo comprometer a ello.
- Pedir recomendaciones: ¿qué hacer, a dónde ir? No voy a tener mucho tiempo libre, pero en particular me interesan dos cosas:
- Edificios, parques, whatever que no puedo dejar de ver.
- Delicias que tengo que probar (dulce o salado, comida o bebida, tanto monta).
¡Muchas gracias por vuestras recomendaciones!
Naturalmente tratado, naturalmente paralítico
Sabréis que ayer fue el día europeo del agua y las bolitas de azúcar (alias «homeopatía»). Y yo, lamentablemente, no pude escribir nada al respecto (estos días ando con la hora pegada al culo). Sin embargo, hoy he visto algo que me ha hecho cambiar tiempo de sueño por golpes de tecla: dentro de la serie «Las creencias en lo paranormal no hacen daño a nadie – ¡Los cojones!», os voy a contar una historia. La de un hombre amigo de las medicinas alternativas, yerbitas y pócimas similares. Sabéis que no niego que muchos fármacos actuales (antiinflamatorios, anticoagulantes…) son copias depuradas de recursos naturales, pero siempre digo que en los temas serios no hay que andarse con bromas.
Nuestro hombre era asiduo de un naturópata. Amante de lo orgánico y ovolactovegetal, recelaba de todo lo que viniese en cajita y se vendiese en farmacia, así que cuando le diagnosticaron esa espléndida hipertensión arterial (cifras de 180/150), pensó que era buena idea tratárselo «naturalmente». Claro: él ignoraba que la hipertensión tiene sus riesgos, tan «naturales» como el tratamiento que estaba tomando. Por ejemplo, la hemorragia cerebral. Así que ahora tiene en su cerebro un hematoma del tamaño de su puño. Que, naturalmente, le ha dejado paralizado el lado izquierdo de su cuerpo: la pierna es un colgajo de músculo y hueso, su brazo agarrotado no se separa de su pecho, y por su boca sale algo que pretenden ser palabras.
O sea que al próximo que venga diciendo que los médicos somos unos matasanos pero la medicina alternativa mola cantidubi y es inocua, le meto dos hostias. De efecto secundario.
EDIT: Para aquellos comentaristas que dudan de la veracidad de la historia, comentarles que el Código Penal me impide poner por aquí una foto del paciente saludándoles, o el teléfono de su casa para que llamen a la mujer a decirle que se mejore. Lamento no poder ofrecer nada mejor, pero aunque pusiese el número de historia, entiendo que la credibilidad seguiría siendo cuestionable.
Ante la troncalidad, ¿qué hacer?
Madre mía, la que se ha liado: cuando escribimos este texto entre dos compañeros y yo no pensamos que fuese a tener tanta repercusión… ¡Y me alegro! Lo primero es que todos estemos informados de lo que se avecina: hasta ahora no he encontrado a nadie que compartiese la propuesta del Ministerio tal y como está formulada, sea estudiante, residente o adjunto. Sin embargo, sí he visto algo que me parece arriesgado, y es que hay compañeros dispuestos a soportar «males menores». Dejadme que hable claro: aquí la cuestión no es que, puestos a que nos jodan, que lo hagan con cariño. La clave es que tenemos que hacernos oír y respetar. Vista la aberración del Ministerio, algunos aceptarían la troncalidad si se hiciesen cambios menores como quitar el examen posterior o permitir elegir especialidad fuera de tu hospital. Y digo yo: ¡exacto, eso es lo que pretenden! Quieren una moto, así que nos piden un coche.
¿Por qué digo esto? Cualquier persona con dos dedos de frente se dará cuenta de que el borrador de la troncalidad es una burrada, que su aplicación sembraría el caos (especialistas mal formados, fuga de especialidades, servicios sin personal). Por eso mismo estoy convencido de que al Ministerio no le importaría ceder en ciertos puntos, y el resultado ya no nos parecería tan malo: claro, comparado con lo que había antes… Por eso la pregunta que debemos hacernos es: ¿con qué estamos dispuestos a tragar? Personalmente, no me gustaría que me alargasen la residencia dos años más por la patilla, y me da a la nariz que ese es el objetivo real: el resto son señuelos para distraernos por el camino.
Por eso debemos actuar con perspectiva y no conformarnos con una chapuza, no encogernos de hombros y decir «Bueno, podríamos estar peor». Sí, siempre podemos estar peor. Por eso no podemos echarnos a temblar y admitir un mal menor «por si acaso». Tenemos que negar la mayor: no queremos más años mareando la perdiz ¡No queremos estudiar séptimo y octavo de Medicina! Algunos diréis que al fin y al cabo no es tan grave, que ya hay especialidades que rotan casi dos años. Cierto: Familia, Interna y pocas más. Pero decidme qué carajo pinta un dermatólogo, un preventivista o un ginecólogo recorriéndose los servicios de medio hospital durante la mitad de su formación. ¡Joder, que la mayoría de las especialidades duran cuatro años!
Mi punto en todo esto es que no podemos confundirnos al plantear nuestras reivindicaciones, y debemos hacerlo con amplitud de miras: que el árbol no nos impida ver el bosque. Y como todo movimiento popular, debemos iniciarlo a nivel local. No podemos esperar a que organizaciones estatales, lastradas por la burocracia, inicien las movilizaciones. Corred la voz en vuestras Facultades, en vuestros hospitales, haced llegar esto a los medios de comunicación. Que la gente sepa que nos la están intentando meter doblada, y que nosotros no nos conformamos con un poquito de vaselina.
EDIT: Más información en Troncalidad: así no
Troncalidad en el MIR
Ayer tuvimos una reunión en Madrid, auspiciada por una academia de preparación al MIR, para informarnos de los cambios de las próximas convocatorias: en concreto, de la famosa «troncalidad». Y, aunque el texto aún puede sufrir alteraciones menores hasta su publicación (se espera que salga antes de un mes, vía Real Decreto), su aprobación significará una patada en el estómago a la formación de los Médicos Internos Residentes en España.
Para los de fuera del gremio, resumo la situación actual, la misma que durante los últimos treinta y dos años: uno hace el examen MIR (250 preguntas tipo test) y, con la nota que obtiene y su expediente, puede elegir una plaza de formación en una especialidad y hospital determinados, plaza que mantiene hasta que acaba su enseñanza (cuatro o cinco años). Fácil, bonito y para toda la familia.
Ahora se sacan de la manga la «troncalidad»: ¿qué repercusiones va a tener semejante idea de bombero? Démosle vueltas a lo que se expone en este borrador. Con la modificación no se elegirá especialidad y centro sino una UDT (Unidad Docente Troncal), cada una de las cuales podrá comprender uno o varios hospitales e incluirá distintas especialidades. Existirán cuatro itinerarios troncales: médico, quirúrgico, laboratorio y diagnóstico por imagen (excepto algunas especialidades que se quedan fuera de la troncalidad, y que de momento son: pediatría, oftalmología, anatomía patológica y psiquiatría). Los dos primeros años de formación (R1 y R2) serán comunes para cada tronco, con rotaciones por los distintos servicios que lo integran, adquiriendo formación en competencias generales. O, en otras palabras, los dos primeros años de residencia pasarán a ser séptimo y octavo de Medicina.
Al cabo de estos dos años se hará otro examen, como un segundo MIR, con una temática propia del tronco (denominado prueba troncal o PT). Y, con la nota de este segundo examen, la evaluación de los dos años y la nota del MIR original, podremos elegir la especialidad. Pero, atención: no cualquier especialidad. Sólo entre aquellas ofertadas por esa UDT.
¿Qué repercusiones prácticas tiene todo esto?
- En primer lugar, y más importante, supondrá un descenso de la calidad de la formación y la asistencia, pues se reduce en dos años el período efectivo de especialización (de cuatro a dos o de cinco a tres); ante esta vicisitud, algunas sociedades especulan con alargar el periodo de residencia, mientras que ciertas unidades docentes han valorado directamente rechazar la docencia. ¿Tú te dejarías anestesiar por alguien que lo ha practicado sólo durante dos años?
- No habrá residentes de primer o segundo año propios de cada servicio: las guardias específicas del servicio se repartirán entre la mitad de personal, que además carecerá de experiencia (el R3 de cardio estaría realmente en su primer año de formación como cardiólogo).
- En lo académico, el residente no sabe la especialidad que podrá cursar hasta pasados dos años de formación, que serán a fondo perdido si finalmente no consigue la especialidad deseada: o te jodes y haces reumatología, o vuelves a empezar (¿alguien dijo «estabilidad laboral»?). Es más: el residente ni siquiera sabe si su unidad docente troncal (UDT) seguirá ofreciendo esa especialidad para cuando él finalice su período de troncalidad, pues puede haber sido desacreditada entre tanto. O sea: me voy a Jaén con la esperanza de hacer vascular… y después de dos años de guardias resulta que ya no puedo porque la han quitado.
- Asimismo, la nota del MIR será computada por duplicado, aumentando el porcentaje de médicos que se vuelven a presentar sólo para mejorar la calificación. En el mismo sentido, enrarecerá el ambiente de trabajo, pues los compañeros de los dos primeros años serán competidores directos para las (o la) plaza deseada en la PT.
- El hecho de haber especialidades fuera de la troncalidad conducirá a una fuga hacia estas: si alguien duda entre una especialidad con troncalidad y otra sin (por ejemplo ORL vs. oftalmología), es lógico que quiera asegurarse la especialidad desde un primer momento.
- En el borrador no se define qué sucederá con los centros privados: ¿no estarán sometidos a UDT, formarán UDTs independientes, quedarán adscritos a una UDT pública, sus plazas serán de acceso libre?
- No obstante, no todo son inconvenientes: hay una gran ventaja. Económica. Se aumenta enormemente (más del doble) el personal disponible para la realización de suplencias o guardias, que dejarían de ser realizadas por adjuntos para pasar a serlo por R1 y R2 (con salarios más bajos). Y además, las academias (privadas) también verían aumentados sus ingresos al tener que preparar a médicos para el MIR y la PT.
¿Qué hacer?
Estas medidas se implantarían en la convocatoria MIR de 2012: afectan directamente a los estudiantes que actualmente están en quinto de carrera, pero también salpica a todos los residentes que se verán enmarronados dentro de tres años con una carga de trabajo ingente, y a los servicios que van a tener que funcionar con la mitad de personal. Por eso os pido que, aunque haya que esperar a su publicación definitiva en el BOE, de momento corráis la voz para que la gente esté alerta con este tema porque, si no se le mete tijeretazo a ese texto, tendremos que tomar las medidas oportunas.
¿A dónde pretenden llegar con todo esto?
Vamos a los comentarios, donde ya ha salido el tema. Porque, al igual que otros, yo tampoco creo que el objetivo sea aprobar el texto tal y como está ahora…
EDIT: Más información en Troncalidad: así no
¿Diseño inteligente? ¡Los cojones!
La promotora Planeta Tierra, S.A., tras haber estudiado el proyecto presentado por el estudio Dios y Asociados, S.L.U. para la creación de un ser vivo superior para la población de su territorio, resuelve rechazar el proyecto por los siguientes
ERRORES DE DISEÑO
- Los conductos de ventilación tienen partes comunes con los de abastecimiento de alimentos y, según nuestros asesores, una pequeña lengüeta de tejido no bastaría para evitar una tasa preocupantemente alta de atragantamientos letales.
- Hemos detectado que algunos dispositivos indispensables para la supervivencia, tales como «corazón» e «hígado», no cuentan con redundancias, haciendo fatal cualquier fallo en su funcionamiento.
- Reconocemos el acierto de situar las oficinas de dirección en el ático, pero no nos parece lo más conveniente sujetarlas con una mísera alcayata: su ruptura podría ocasionar un corrimiento de las plantas superiores, seccionándose las vías de comunicación y abastecimiento con trágicas consecuencias.
- Asimismo, alabamos el accesorio de telecomunicación vocal con el que cuenta el proyecto, pero no entendemos la cantidad innecesaria de cable desplegado y enrollado con las tuberías, pues un fallo en estas cañerías podría inutilizar todo el dispositivo (y llegar a asfixiar al sujeto).
- Nos parece muy ingenioso el sistema de reproducción tipo «nave nodriza». Sin embargo, es incomprensible el tamaño tan pequeño del puerto de salida (denominado «pelvis» en el proyecto), que dificulta la salida del nuevo individuo y conlleva un gran riesgo de complicaciones letales.
- La ubicación próxima del vertedero y el lugar de recreo consideramos que es de pésimo gusto, tanto por el problema higiénico que supone en los especímenes femeninos, como por la posibilidad de embarazosos, aunque cómicos, incidentes ().
- Si bien admitimos la ventaja de contar con un instrumento olfativo, no nos parece correcto transmitir sus señales a través de unas decenas de pequeñas fibras nerviosas que atraviesan una lámina perforada de hueso para llegar a la oficina de dirección: en el caso de un movimiento brusco, ese hueso puede actuar como una guillotina, destruyendo todo el montaje.
- Por último, estudiando el mecanismo de enfoque de las cámaras de vigilancia, juzgamos que está muy bien adaptado a un ambiente salvaje y con una expectativa de uso corta; no obstante, una simulación por ordenador ha demostrado su mala tolerancia al envejecimiento y un inapropiado diseño para la vida en entornos urbanos.
Y tú, ¿has observado algún otro defecto de diseño en nuestro cuerpo? ¡Añádelo en los comentarios!
EDIT 15/05/2010: Añado aquí un par de fallos especialmente sangrantes que habéis aportado: ¡gracias a todos!
- Se aprecia una preocupante inconsistencia en el diseño de los firewalls físicos. Algunos elementos cuentan con una sólida protección: las oficinas dentro de un escudo, corazón y pulmones dentro de una jaula… Por eso no entendemos la absurda desprotección de un periférico tan sensible como los testículos, insensatamente expuestos, bamboleándose al caminar y sin más protección que una mísera bolsa de piel. La incongruencia es patente en las pruebas de laboratorio, que demuestran que al menor impacto todo el sistema se colapsa y el individuo tarda en resetear varios minutos en los que su sufrimiento resulta dolorosamente patente.
- Los materiales de sustentación (hueso) se regeneran bastante rápido y bien y sin embargo las oficinas centrales (cerebro) y el centro de redistribución de materiales (corazón) no. Además el musculo cardiaco muerto (hablando rápido) se sustituye por lo que en vocabulario técnico se conoce como puto relleno (conectivo).
¿Israelí o israelita?
Ya son varias las veces que he oído referirse a los habitantes de Israel como israelitas en vez de israelíes. Sin embargo, esto es erróneo (aunque técnicamente acertaríamos tres de cada cuatro veces), al igual que lo es hablar de hospitales israelitas o misiles israelitas: ¿por qué?
El adjetivo israelita tiene un carácter religioso, sinónimo de hebreo (técnicamente, los descendientes de los doce hijos de Jacob). Y dudo mucho que, cuando alguien se refiere como «israelita» a una persona con pasaporte de Israel, realmente quiera decir que le falta el prepucio. Según aclara el Diccionario Panhispánico de Dudas, para referirnos a algo originario de ese país de Oriente Medio la palabra correcta es israelí. Si se me permite la comparación (inválida, porque el ejemplo no es equivalente), sería como denominar anglicano y anglosajón indistintamente.
Ah, y hacedme el favor: de israelí, israelíes. Cada vez que oigo israelís, marroquís o iraquís, siento una patada verbal en mis testículos.
Evidence Based Medicine: la homeopatía no es el único engaño
Probablemente ya hayáis oído que esta semana una comisión del Parlamento británico emitió una recomendación para que el NHS retirase inmediatamente la financiación pública a los tratamientos y hospitales homeopáticos, pues no se habían encontrado pruebas de su efectividad (como ya ocurriera con la KVG suiza hace cinco años gracias a este estudio de la Universidad de Berna). El texto británico tiene frases tan contundentes como esta:
The Government should stop allowing the funding of homeopathy on the NHS. We conclude that placebos should not be routinely prescribed on the NHS. (…) and doctors should not refer patients to homeopaths.
El Gobierno debería dejar de permitir la financiación de la homeopatía en el Sistema Nacional de Salud. Concluimos que los placebos no deberían ser prescritos rutinariamente en el SNS. (…) y los médicos no deberían referir pacientes a los homeópatas.
Bien, en esto todos estamos de acuerdo. Pero el problema es que la superchería también está plácidamente instalada dentro de la Medicina «tradicional». Este texto de Ben Goldacre en el Guardian me ha animado a dedicar unas líneas a esos medicamentos aprobados por las autoridades sanitarias pero que no han demostrado ser más eficaces que otros ya existentes o que, simplemente, no sirven en absoluto.
En Medicina hay fármacos, como la metformina para la diabetes, cuya eficacia no se ha conseguido igualar después de lustros de comercialización. Pero también hay mucho mariconeo; uno de los que más gracia me hace es el empleo de isómeros: (es)omeprazol, (es)citalopram, (dex)ketoprofeno, (dex)ibuprofeno, etcétera. ¿En qué consiste esto? Resumidamente, en vender la forma purificada de un fármaco alegando una mínima mejora terapéutica, basándose en ensayos pequeños apropiadamente torturados, pero a cambio de un gran incremento en el precio (Nexium/Axiago son diez veces más caros que el omeprazol genérico). ¿A santo de qué viene? ¿Qué autoridad y con qué criterio financia medicamentos que no aportan nada sobre los ya comercializados? ¡Y luego hablan de introducir el copago en las consultas para controlar el gasto! El ojo del médico sobre un paciente puede ahorrar muchos problemas y apenas cuesta unos pocos euros, mientras que el puterío de la prescripción farmacéutica es una auténtica sangría económica que sólo beneficia a unos pocos.
Otro ejemplo: seguro que todos conocéis a alguien a quien le han recetado esos polvitos con sabor a naranja, Flumil para el catarro, «para soltar los mocos». Sin embargo, a menos que tengáis fibrosis quística o alguna otra enfermedad pulmonar seria, este medicamento probablemente sólo os serviría… como antídoto en la intoxicación por paracetamol. Y, siguiendo con los resfriados, mi favorito: el Inmunoferon, que «refuerza las defensas» (¿eh?). Su principio activo es el enigmático AM3, y una búsqueda en PubMed devuelve un puñado de estudios (pequeños) en los que las diferencias encontradas, si las hay, son de escasa relevancia clínica y con end points débiles. Vamos: que no hay pruebas de que si doy Inmunoferón a un paciente vaya a resfriarse menos o curarse antes. Empero, el SNS sigue financiándolo.
Y como esto, otros muchos ejemplos: algunos «de toda la vida», como la vitamina D en postmenopáusicas para prevenir la osteoporosis (inútil) o los antitusígenos en el catarro (Flutox tiene doce referencias en PubMed), y otros de nueva manufactura, como el Altargo para infecciones cutáneas (que apenas tiene estudios publicados y no ha demostrado ser mejor que Bactroban o Fucidine, a pesar de costar tres veces más).
¿Cuál es mi punto en todo esto? Llamar la atención sobre el hecho de que la buena o la mala Medicina no depende del título o de la bata del que la ejerza, sino de las pruebas sobre las que se sustente su práctica, que luego confundimos churras con merinas, llámese homeopatía, VINE o «avance revolucionario».
Gracias a Fernando Frías por el soplo al artículo de Goldacre y el empujón para escribir esta entrada.


